A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.8
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-Me... lanzó... por... los aires- jadeó la Reina, que aún no había recobrado del todo el aliento. -Procura subir aquí arriba... por el camino de costumbre... ten cuidado... ¡No dejes que una explosión te haga volar por los aires!
Alicia observó al Rey blanco mientras este trepaba trabajosamente de barra en barra por el guardafuegos, hasta que por fin le dijo -¡Hombre! A ese paso vas a tardar horas y horas en llegar encima de la mesa. ¿No sería mejor que te ayudase un poco?- pero el Rey siguió adelante sin prestarle la menor atención: era evidente que no podía ni oírla ni verla.
Así pues, Alicia lo cogió muy delicadamente y lo levantó por el aire llevándolo hacia la mesa mucho más despacio de lo que había hecho con la Reina, para no sobresaltarlo; pero antes de depositarlo en ella quiso aprovechar para limpiarlo un poco pues estaba realmente cubierto de cenizas.
Más tarde Alicia diría que nunca en toda su vida había visto una cara como la que puso el Rey entonces, cuando se encontró suspendido en el aire por una mano invisible que además le estaba quitando el polvo: estaba demasiado atónito para emitir sonido alguno, pero se le desorbitaban los ojos y se le iban poniendo cada vez más redondos mientras la boca se le abría más y más; a Alicia empezó a temblarle la mano de la risa que le estaba entrando de verlo así y estuvo a punto de dejarlo caer al suelo.
-¡Ay, por Dios, no pongas esa cara, amigo! -exclamó olvidándose por completo de que el Rey no podía oírla.
-¡Me estás haciendo reír de tal manera que apenas si puedo sostenerte con la mano! ¡Y no abras tanto la boca que se te va a llenar de cenizas!... ¡Vaya! Ya parece que está bastante limpio -añadió mientras le alisaba los cabellos y lo depositaba al lado de la Reina.
El Rey se dejó caer inmediatamente de espaldas y se quedó tan quieto como pudo; Alicia se alarmó entonces un poco al ver las consecuencias de lo que había hecho y se puso a dar vueltas por el cuarto para ver si encontraba un poco de agua para rociársela. Lo único que pudo encontrar, sin embargo, fue una botella de tinta y cuando volvió con ella a donde estaba el Rey se encontró con que ya se había recobrado y estaba hablando con la Reina; ambos susurraban atemorizados y tan quedamente que Alicia apenas si pudo oír lo que se decían.
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