La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.36
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sana política, el gobierno inglés, respetando y haciendo respetar hasta en sus más
insignificantes pormenores la religión del país, castiga con severidad a quienquiera que
infrinja sus prácticas.
Picaporte entró sin pensar en lo que hacía, como un simple viajero, y admiraba el
deslumbrador oropel de la ornamentación bramánica cuando de repente fue derribado
sobre las sagradas losas del pavimento. Tres sacerdotes con mirada furiosa, se arrojaron
sobre él, le arrancaron zapatos y calcetines y comenzaron a molerlo a golpes,
prorrumpiendo en salvaje gritería.
El francés, vigoroso y ágil, se levantó con viveza. De un puñetazo y un puntapié derribó
a dos adversarios muy entorpecidos por su traje talar y lanzándose fuera de la pagoda con
toda la velocidad de sus piernas, dejó muy presto atrás al tercer indio, que había salido en
su seguimiento amotinando a la multitud.
A las ocho menos cinco, algunos minutos antes de marchar el tren, sin sombrero,
descalzo y habiendo perdido su paquete de compras, Picaporte llegaba al ferrocarril.
Allí en el andén estaba Fix, que había seguido a Fogg hasta la estación, comprendiendo
que este tunante se iba de Bombay. Tomó la inmediata resolución de acompañarlo hasta
Calcuta, y más lejos si preciso fuese. Picaporte no vio a Fix que estaba en la sombra, pero
Fix oyó la relación de las aventuras que Picaporte estaba brevemente haciendo a su amo.
-Espero que no os volverá a suceder -respondió simplemente Phileas Fogg tomando
asiento en uno de los vagones del tren.
El pobre mozo, desconcertado y descalzo, siguió a su amo sin hablar palabra.
Fix iba a subir en otro vagón, cuando lo detuvo una idea que modificó súbitamente su
proyecto de partida.
-No; me quedo -dijo-. Un delito cometido en territorio indio... Ya tengo asegurado a mi
hombre.
En aquel momento la locomotora dio un vigoroso silbido, y el tren desapareció en la
oscuridad.
XI
El tren había salido a la hora reglamentaria. Llevaba cierto número de viajeros, algunos
oficiales, funcionarios civiles y comerciantes de opio y de añil a quienes llamaba su
trafico a la parte oriental de la península.
Picaporte ocupaba el mismo compartimiento que su amo. Un tercer viajero estaba en el
rincón opuesto.
Era el brigadier general sir Francis Cromarty, uno de los compañeros de juego de mister
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