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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.43

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Página 43 de 200



Mientras lo contemplábamos, el hombre volvió la cabeza, nos divisó, e
inmediatamente siguió su camino por la senda, dirigiéndose hacia nosotras. Sentí que
la mano de la señora Leidner se apretaba todavía más contra mi brazo.
- Enfermera - murmuró -. Enfermera...
- No pasa nada. Cálmese. No pasa nada - traté de tranquilizarla.
El hombre vino hacia donde estábamos y pasó por nuestro lado. Era un iraquí, y tan
pronto como la señora Leidner lo vio de cerca, pareció que sus nervios se relajaban y
dio un suspiro.
- No era más que un iraquí - dijo.
Proseguimos nuestro camino. Miré hacia las ventanas cuando pasamos ante ellas.
No solamente tenían rejas, sino que estaban a tanta altura sobre el suelo, que no
permitían ver el interior de la casa, pues el nivel del pavimento era allí más bajo que
en el patio interior.
- Tal vez estaba curioseando - comenté.
La señora Leidner asintió.
- Eso debe ser. Por un momento creí...
Se detuvo.
En mi fuero interno me pregunté: "¿Qué pensaste?".
Pero ahora ya sabía una cosa. La señora Leidner temía a una determinada persona
de carne y hueso.

CAPÍTULO VIII
Alarma nocturna

Es difícil recordar exactamente lo que sucedió durante la semana que siguió a mi
llegada a Tell Yarimjah. Mirándolo ahora, que sé cómo terminó la cosa, me doy cuenta
de una buena cantidad de pequeños indicios y señales que me pasaron entonces por
alto.
Si he de contarlo todo con propiedad, creo que debo tratar de reflejar el estado de
ánimo que tenía en aquellos días; es decir, embrollado, intranquilo y con un creciente
presentimiento de algo que iba mal.
Porque una cosa era cierta. Aquella curiosa sensación de tirantez y a la vez apremio
no era imaginada. Era verdadera. Hasta el insensible Bill Coleman lo comentó.
- Este sitio me está poniendo nervioso - oí que decía -. ¿Están siempre todos tan
malhumorados?
Estaba hablando con David Emmott, el otro auxiliar. Me empezaba a gustar el
señor Emmott, pues su aspecto taciturno no era signo de que careciera de
sentimientos.


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