La noche de los tiempos (Rene Barjavel) - pág.14
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Grey, meneaba la cabeza con aire ausente.
- Es una mecánica sensacional - decía el glaciólogo -. pero hay otra cosa... No
le prestan atención. Muéstresela... Y dígales lo que piensa de ella...
Lancieux apoyó sobre un botón de rebobinaje, luego sobre el botón rojo, y la
pantalla se iluminó, mostrando de nuevo el lento desfile del perfil de las
ruinas.
- Es ahí que hay que mirar - dijo Grey.
Su dedo mostraba, en la parte superior de la pantalla, arriba del trazado
desigual del subsuelo, una línea rectilínea apenas visible, finamente ondulada,
de una regularidad perfecta.
Efectivamente, nadie le había prestado atención, pensando que quizá fuera una
línea de referencia, una marca o cualquier cosa, pero nada significativo.
- Dígales... - repetía Grey -. Dígales lo que usted me ha dicho. A esta altura
de las cosas...
- Preferiría - dijo Lancieux, con voz molesta -, hacer primero una nueva prueba.
Ninguna de las otras sondas lo ha registrado...
Grey le cortó la palabra:
- ¡No son lo bastante sensibles.
- Puede ser - dijo Lancieux, con voz suave -. Pero no es seguro... Quizá sea
solamente porque no están regulados sobre la frecuencia exacta...
Se lanzó con Brivaux, en una discusión en la cual intervinieron pronto los otros
técnicos del grupo, cada uno sugiriendo las modificaciones que convenía hacerle
a las sondas, según su opinión.
El doctor Simon llenó su pipa y salió.
No soy un técnico. No mido mis enfermos. Trato más bien de comprenderlos. Pero
hay que poder hacerlo. Soy un privilegiado...
Mi padre que era médico en Puteaux, veía desfilar en su consultorio a más de
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