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Vanina Vanini (Stendhal) - pág.24

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Va-nina estaba absorta en sus negros pensamientos. Poco después de dar las doce creyó oír un ligero rumor, algo así como el vuelo de un murciélago. Echó a andar y cayó medio desvanecida sobre la balaustrada del altar. Instantáneamente surgieron a su lado dos fantasmas, sin que. ella los hubiera oído llegar. Eran el carcelero y Missirilli, cargado de ca­denas, hasta el punto de que parecía como fajado. El carcelero abrió un farol y lo puso sobre la ba­laustrada del altar, junto a Vanina, para que pudiera ver bien a su preso. Luego se retiró al fondo, junto a la puerta. Apenas se hubo alejado el carcelero, Va-nina se precipitó al cuello de Missirilli. A1 estre­charle entre sus brazos, no sintió más que sus cadenas frías y lacerantes. «¿Quién le ha puesto estas cadenas?», pensó. No sintió ningún placer besando a su amante. A este dolor siguió otro más terrible: hubo un momento en que creyó que Missirilli sabía su traición, tan fríamente la recibía.
-Querida amiga -le dijo por fin-,lamento el amor que me tomó; en vano busco el mérito que pudo inspirárselo. Volvamos, créame, a sentimientos más cristianos; olvidemos las ilusiones que nos extravia­ron: yo no puedo ser suyo. Quizás la mala suerte que ha acompañado siempre a mis acciones se debe a que siempre estuve en pecado mortal. Aun sin atender más que a los consejos de la prudencia hu-mana, ¿por qué no fui detenido con mis amigos la fatal noche de Forlì? ¿Por qué no estaba en mi puesto en el momento de peligro? ¿Por qué mi au­sencia pudo justificar las sospechas más terribles? Tenía otra pasión que no era la de la libertad de Ita­lia.
Vanina no volvía de la sorpresa que le causaba el cambio de Missirilli. Sin haber enflaquecido mu­cho, parecía un hombre de treinta años. Vanina atribuyó este cambio a los malos tratos que había sufrido en la prisión y se echó a llorar.
-¡Ah! -le dijo-, los carceleros habían prometido tanto que te tratarían bien...
El hecho es que, al acercarse la muerte, habían resurgido en el corazón del carbonario todos los principios religiosos que podían ser compatibles con la pasión por la libertad.


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