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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.43

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corazones, asaltemos a estos que duermen; apartad de vosotros toda pereza
y tardanza; con las espadas en las manos andemos matando por toda la
casa; el que halláremos durmiendo, muera luego; el que se defendiere,
herirle reciamente, y así nos iremos en salvo si ninguno dejáremos vivo en
casa.» Yo, señores, confieso que, pensando hacer oficio de buen ciudadano,
y también temiendo no hiciesen mal a mis huéspedes y a mí, con mi
espada, que para semejantes peligros traía conmigo, salté sobre ellos por
espantarlos y hacerlos huir. Ellos, como hombres bárbaros y crueles, no
quisieron huir, antes, aunque me vieron con la espada en la mano,
pusiéronse con grande audacia en gran resistencia, hasta que la batalla se
partió en dos partes, y el capitán o alférez de ellos, con mucha valentía,
arremetió conmigo; con ambas manos trabome de los cabellos, y
volviéndome la cabeza atrás, quería darme con una piedra; y en tanto que
gritaba pidiendo a otro que le diese la piedra, dile una estocada, que luego
cayó muerto; a otro que me mordía de los pies, le di por las espaldas; al
tercero que con discreción vino contra mí, por los pechos, y así los
despaché a todos tres. En esta manera, hecha y sosegada la paz, la casa de
mi huésped y salud de todos defendida y amparada, no pensaba yo que me
habían de dar pena, sino que era digno que públicamente fuese alabado:
porque hasta hoy no se hallará que, en cosa alguna, yo haya hecho ni
cometido crimen ni nunca de ello fui acusado; antes, siempre fui mirado y
tenido en honra, y en mi tierra entre los míos siempre mi limpieza e
inocencia antepuso a todo otro provecho y utilidad; ni puedo hallar qué
razón haya para acusarme de tan justa venganza como fue la que hice
contra unos ladrones tan malignos; mayormente, que nadie podrá mostrar
que entre nosotros hubiese precedido enemistad antes de ahora, ni que yo
los conociese ni hubiese visto en toda mi vida; cuanto más, que no se
podría mostrar alguna cosa para robarles, por codicia de la cual se crea
haber cometido tan gran crimen.
Habiendo hablado de esta manera, los ojos llenos de lágrimas, las manos


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