Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.49
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Quejémonos de unos locos disfrazados de moscovitas con trajes extraños que han venido; digámosles que nos preguntamos quiénes pueden ser y con qué motivo nos han ofrecido aquí, junto a nuestra tienda su tonto espectáculo, su prólogo tan mal pergeñado y sus maneras ridículas y grotescas. BOYET.-Retiraos, señoras, que los galanes se acercan. PRINCESA.-Corramos a nuestra tienda como ciervas que huyen a través del campo. (Salen por un lado, mientras por el otro entran el Rey, Berowne, Longaville y Du-maine vestidos como de costumbre.)
EL REY.-Amable caballero, Dios os guarde: ¿dónde está la Princesa? BOYET.-Ha ido a su tienda. ¿Le place a vuestra majestad confiarme algún mensaje para ella? EL REY.-Sí, decidla que se digne concederme una breve audiencia. BOYET.-Nada puede serme más grato, señor. Como sé también que su alteza consentirá feliz. (Sale.) BEROWNE.-Este individuo picotea el espíritu como un pichón los granos y desembucha cuando Dios quiere. Vendedor ambulante de ingenio, detalla su mercancía en las veladas, en las francachelas, en las reuniones, en los mercados y en las ferias. Mientras que nosotros, que vendemos al por mayor, incapaces somos, ¡Dios es testigo!, de hacernos valer con el arte que él. Es un galán experto en seducir doncellas. De haber sido Adán, él hubiera sido quien hubiese tentado a Eva. Sabe ofrecer el brazo, hablar apenas con los labios, besar su propia mano en señal de cortesía. Es el mono del protocolo, el señor delicado, el precioso que si juega al trictrac se enfada con los dados sin descomponerse. Sin contar que tiene una deliciosa voz de tenor y que como maestro de ceremonias da ciento y raya al más pintado. Las damas le llaman querido, los escalones le besan los pies cuando los pisa. Es una flor que sonríe a todo el mundo para mostrar sus dientes blancos como huesos de ballena. Hasta las conciencias que no quieren morir dejando deudas le pagan lo que le deben, llamándole Boyet el de la meliflua lengua. EL REY.-Lástima, ¡por Cristo!, de una ampolla en esta dulce lengua que ha hecho un taco al paje de Armando. (Sale la Princesa, precedida de Boyet, y luego las otras damas, sin antifaz y llevando sus regalos respectivos.)
BEROWNE.-¡Vedle cómo llega! Buenas formas, ¿qué erais antes de que este hombre os diese valor y qué sois ahora? EL REY. (A la Princesa.)-Hermosa señora, que el ciclo haga llover sobre vos toda suerte de bendiciones y os conceda un buen día.
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