San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.140
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En el cuartel de la Montaña hay cuatro o seis suboficiales y quizá dos docenas de cabos y soldados comunistas, casi todos están de permiso, uno de los jefes de la organización de suboficiales es el brigada de ingenieros González Lagares, el responsable de las células de tropa es el cabo Nieto un orensano muy listo y decidido, en el cuartel de la Montaña se concentran unos tres mil hombres, quizá más, muchos son fascistas -los falangistas, los requetés, los monárquicos, los guardiaciviles, los oficiales de reserva que entraron a última hora-pero tampoco todos, gran parte de la tropa es antifascista, los más señalados están presos en los sótanos. La Javiera le dice a don Roque ¿nos lleva usted a los toros don Roque?, la Javiera habla siempre en plural, jamás se olvida de representar a la otra criada, a la Paulina, ¡pues sí que está el día para toros hermosa!, ¡como no nos acaben lidiando a todos en la Puerta del Sol!, la Javiera se conforma, qué remedio, otro día habrá más suerte, de orden de la autoridad se suspende la corrida anunciada para esta tarde, seis hermosos novillos de deshecho de tienta y cerrado, seis, de la acreditada ganadería de don Celso Cruz del Castillo para Félix Almagro, Raimundo Serrano y el debutante Paco Godín, nuevo en esta plaza, localidades desde una peseta, devolución de su importe en taquilla. El general García de la Herrán parece que se ha hecho dueño de los cuarteles de Campamento, no se trata de quedarse en los cuarteles, lo que hay que hacer es sacar la tropa a la calle, sí eso es muy fácil decirlo, el caso es que se pueda, es muy fácil hablar, la gente habla mucho pero después cuando llega el momento de dar la cara ya es otra cosa, unos se asustan, otros se equivocan y otros se precipitan o se pasan, es muy difícil acertar con el momento justo y con la acción oportuna, cuando todo anda manga por hombro las cosas salen por donde quieren, el general Fanjul no puede comunicar con Campamento, manda varios enlaces pero no sabe si pueden llegar o si los matan por el camino, las señales del heliógrafo sirven para poco, lo único aconsejable es salir, romper el cerco si se puede, declarar el estado de guerra e implantar el orden a tiros, el gobierno tampoco tiene el control de la calle, eso salta a la vista, dentro del cuartel de la Montaña el elemento civil está más animoso que el militar, fuera pasa lo mismo, lo probable es que el entusiasmo sea más eficaz que la disciplina, esto tampoco puede asegurarse de una manera absoluta pero a veces ocurre, en la plaza de España y en los alrededores del cuartel se ha ido formando una masa expectante y densa, la gente grita pero no suena un tiro, en el cuartel las órdenes son muy rigurosas, nadie puede actuar por su cuenta aunque a muchos les gustaría hacerlo, se da la orden de no salir hasta la madrugada, el gentío forma un tapón imposible de cruzar, parecen rusos o japoneses de tantos como son, se necesitaría una tropa muy disciplinada y aguerrida para poder abrirse paso entre la multitud, las’ fuerzas del gobierno han conseguido sacar algunas piezas de artillería a la calle, el general García de la Herrán puede organizar una columna y salir de Campamento a las cuatro de la madrugada, un enlace consigue ir y volver, ¡los hay que los tienen bien puestos!, el general Fanjul ordena cavar una línea de zanjas, quizá teme un ataque con carros de combate, no han aparecido pero pueden aparecer en cualquier momento, del regimiento de carros de combate no se tiene la menor noticia ni buena ni mala.
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