A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.24
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..?, ¿por qué todos quieren convertirse en luciérnagas de postre?
-Pues arrastrándose a tus pies -dijo el mosquito (y Alicia apartó los pies con cierta alarma) podrás ver a una melindrosa meriendaposa o mariposa de meriendas. Tiene las alas hechas de finas rebanadas de pan con mantequilla, el cuerpo de hojaldre y la cabeza es toda ella un terrón de azúcar.
-Y ésta ¿de qué vive?
-De té muy clarito con crema.
A Alicia se le ocurrió una nueva dificultad:
-Y ¿qué le pasaría si no pudiera encontrarlo? -insinuó.
-Pues que se moriría, naturalmente.
-Pero eso ha de sucederles muy a menudo -dijo Alicia pensativa.
-Siempre les pasa -afirmó el mosquito.
Con esto, Alicia se quedó callada durante un minuto o dos, considerándolo todo. Mientras tanto, el mosquito se entretenía zumbando y dando vueltas y más vueltas alrededor de su cabeza. Por fin, volvió a posarse y observó:
-¿Supongo que no te querrías quedar sin nombre?
-De ninguna manera -se apresuró a contestar Alicia, no sin cierta ansiedad.
-Y sin embargo, ¿quién sabe? -continuó diciendo el mosquito, así como quien no le da importancia a la cosa-. ¡Imagínate lo conveniente que te sería volver a casa sin nombre! Entonces si, por ejemplo, tu niñera te quisiese llamar para que estudiaras la lección, no podría decir más que «¡Ven aquí...!», y allí se quedaría cortada, porque no tendría ningún nombre con que llamarte, y entonces, claro está, no tendrías que hacerle ningún caso.
-¡Estoy segura de que eso no daría ningún resultado! -respondió Alicia-. ¡Mi niñera nunca me perdonaría una lección sólo por eso! Si no pudiese acordarse de mi nombre me llamaría «seriorita», como hacen los sirvientes.
-Bueno, pero entonces si dice «señorita» sin decir más, tú podrías decir que habías oído que «te la quita» y quedarte también sin lección. ¡Es un chiste! Me hubiese gustado que lo hubieses hecho tú.
-No sé por qué dices que te habría gustado que se me hubiera ocurrido a mí -replicó Alicia-; es un chiste muy malo.
Pero el mosquito sólo suspiró profundamente, mientras dos lagrimones le surcaban las mejillas.
-No debieras de hacer esos chistes -le dijo Alicia- si te ponen tan triste.
Otra vez le dio al mosquito por dar uno de esos imperceptibles suspiros melancólicos y esta vez sí que pareció haberse consumido de tanto suspirar, pues cuando Alicia miró hacia arriba no pudo ver nada sobre la rama; y como se estaba enfriando de tanto estar sentada se puso en pie y empezó a andar.
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