Mujercitas (Louisa May Alcott) - pág.27
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.. -y aquí se detuvo, no sabiendo si decir la verdad o reírse.
-¿Por qué? -preguntó Laurie, interesado vivamente -. ¿No lo dirá usted?
-¡Jamás!
-¿Jamás?
-Bueno, tengo la mala costumbre de ponerme de pie delante del fuego y así quemo mis vestidos, como me sucedió con éste; aunque está bien remendado, se ve un poco, y Meg me aconsejó que no me moviera para que nadie lo vea. Usted puede reírse si quiere; es muy gracioso...
Pero Laurie no se rió; miró al suelo por un minuto y con una expresión que extrañó a Jo, dijo dulcemente:
-No haga caso de eso; yo le diré cómo nos las arreglaremos; allá hay un pasillo grande, donde po-demos bailar muy bien sin que nadie nos vea. ¡Hágame el favor de venir! Jo le dio las gracias y se fue alegremente, deseando mucho tener dos guantes buenos cuando vio los que se ponía su compañero, color perla. El pasillo estaba vacío y bailaron una polca magnífica, porque Laurie bailaba bien y le enseñó el paso alemán, que encantó a Jo, por su balanceo y movimiento. Cuando cesó la música se senta-ron sobre las escaleras para respirar, Laurie estaba describiendo una fiesta de estudiantes en Heidelberg cuando apareció Meg en busca de su hermana.
Hizo una seña, y Jo la siguió de mala gana a una salita, donde se sentó sobre un sofá, agarrándose el pie y algo pálida.
-Me he torcido el tobillo. Este estúpido tacón alto se torció y me produjo una torcedura horrible. Me duele tanto, que apenas puedo estar de pie y no sé cómo voy a volver a casa -dijo, estremeciéndose de dolor.
-Ya sabía yo que te lastimarías los pies con esos dichosos zapatos.
Lo siento mucho, pero no sé qué puedes hacer, como no sea tomar un coche o quedarte aquí toda la noche -respondió Jo dulcemente, frotando el pobre tobillo al mismo tiempo.
-No puedo tomar un coche; costaría mucho; además, sería difícil encontrarlo, porque la mayor parte de los invitados han venido en sus propios vehículos; las cocheras están lejos, y no tenemos a nadie a quien enviar.
-Yo iré.
-De ningún modo; son más de las diez y está oscuro como boca de lobo. No puedo quedarme aquí, porque la casa está llena; algunas amigas de Sallie están de visita. Descansaré hasta que venga Hanna, y entonces saldré lo mejor que pueda.
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