Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.33
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en pirograbado.
Mientras duró este ataque la familia vivió en temor
constante de una conflagración, pues a toda hora
el olor a madera quemada penetraba por toda la casa
y, con frecuencia alarmante, salía humo del altillo o
del galpón; por todos lados aparecían atizadores calientes
al rojo y Ana no se acostaba nunca sin llevar
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se un balde de agua además de una campana por miedo
de un incendio. La cara tallada de Rafael fue encontrada
en el revés del tablero de modelar. Luego,
muy apropiadamente, la cabeza de Baco apareció en
la tapa del barril de cerveza y un querubín cantando
adornó la tapa del cubo del azúcar. En cuanto a las
tentativas de retratar a Romeo y Julieta, proveyeron
a la familia de leñita para el fuego durante un tiempo.
Del fuego, la transición al aceite fue natural para
aquellos pobres dedos quemados y Amy se puso a
pintar con no menos fervor que antes. Un amigo pintor
la equipó con sus paletas, pinceles y pinturas abandonados;
y se puso a pintorrear marinas y pastorales
como no se vieron nunca ni en mar ni en tierra. Sus
monstruosidades en materia de ganado hubiesen obtenido
premios en cualquier exposición y la peligrosa
inclinación de sus navíos hubiese mareado al observador
más náutico si primero no se hubiese convulsionado
de risa al notar el más absoluto descuido
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