Drácula (Abraham Stroker) - pág.365
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-Tiene usted en parte razón, amigo mío, pero sólo en parte. Quiero decirle algo y, verdaderamente, amigo John, estoy corriendo un riesgo terrible, pero creo que es justo. En el momento en que la señora Mina dijo esas palabras que nos sorprendieron tanto a ambos. Tuve una inspiración. Durante el trance de hace tres días, el conde le envió su espíritu para leerle la mente; o es más probable que se la llevara para que lo viera a él en su caja de tierra del navío, en medio del mar; por eso se liberaba poco antes de la salida y de la puesta del sol. Así supo que estábamos aquí, puesto que ella tenía más que decir en su vida al aire libre, con ojos para ver y oídos para escuchar, que él, encerrado como está, en su féretro. Entonces, ahora debe estar haciendo un supremo esfuerzo para huir de nosotros. Actualmente no la necesita. "Está seguro, con el gran conocimiento que tiene, que ella acudirá a su llamada, pero eliminó su poder sobre ella, como puede hacerlo, para que ella no vaya a su encuentro. ¡Ah! Ahora tengo la esperanza de que nuestros cerebros de hombres, que han sido humanos durante tanto tiempo y que no han perdido la gracia de Dios, llegarán más lejos que su cerebro infantil que permaneció en su tumba durante varios siglos, que todavía no ha alcanzado nuestra estatura y que solamente hace trabajos egoístas y, por consiguiente, mediocres. Aquí llega la señora Mina. ¡No le diga usted una sola palabra sobre su trance! Ella no lo sabe, y sería tanto como abrumarla y desesperarla justamente cuando queremos toda su esperanza, todo su valor; cuando debemos utilizar el cerebro que tiene y que ha sido entrenado como el de un hombre, pero es el de una dulce mujer y ha recibido el poder que le dio el conde y que no puede retirar completamente..., aunque él no lo piensa así. ¡Oh, John, amigo mío, estamos entre escollos terribles! Tengo un temor mayor que en ninguna otra ocasión. Solamente podemos confiar en Dios. ¡Silencio! ¡Aquí llega!"
Pensé que el profesor iba a tener un ataque de neurosis y a desplomarse, como cuando murió
Lucy, pero con un gran esfuerzo se controló y no parecía estar nervioso en absoluto cuando la señora Harker hizo su entrada en la habitación, vivaz y con expresión de felicidad y, al estar ocupándose de algo, aparentemente olvidada de su tragedia.
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