No hay burlas con el amor (Pedro Calderón de la Barca) - pág.4
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para consultar con vos
un pesar; mas viendo, ¡ay Dios!,
que de mi amor ha nacido,
le callaré, porque quien
da a un crïado tal castigo,
mal escuchará a un amigo.
ALONSO: No escuchará sino bien;
que no es todo uno, don Juan,
ser vos el enamorado,
o el bergante de un crïado;
que vos sois noble, galán,
rico discreto y, en fin,
vuestro es amar y querer;
mas ¿por qué ha de encarecer
el amor la gente ruín,
y a quién no da enojo y risa
que haya en el mundo (¡qué errores!)
quien diga con hambre amores,
y requiebre sin camisa?
Y porque sepáis de mí
que trato de un mismo modo
burlas y veras, a todo
me tenéis, don Juan, aquí.
Salte allá fuera.
JUAN: Dejad
que me escuche Moscatel,
porque a vos os busco y a él.
ALONSO: Pues, proseguid.
JUAN: Escuchad:
Ya, don Alonso, sabéis
cuán rendido prisionero
de la coyunda de amor,
el carro tiré de Venus,
tan fácil victoria suya
que no sé cuál fue primero,
querer vencer o vencerme,
que un tiempo sobró a otro tiempo.
Ya sabéis que la disculpa
de tan noble rendimiento
fue la beldad soberana,
fue el soberano sujeto
de doña Leonor Enríquez,
hija del noble don Pedro
Enríquez, de quien mi padre
amigo fue muy estrecho.
Este, pues, milagro hermoso,
este, pues, prodigio bello
es la dicha que conquisto,
es la gloria que deseo.
No os digo que venturoso
amante, ¡ay de mí!, merezco
favores suyos, que fuera
descortés atrevimiento
que los merezco decir;
que aunque es verdad que los tengo,
tenerlos es una cosa,
y otra cosa merecerlos.
Y así, que los tengo, digo;
que los merezco, no puedo;
que es conseguir lo imposible
dicha, y no merecimiento.
Con este engaño, llevado
en las alas del deseo,
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