El mundo tal como va (Voltaire) - pág.12
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caro, y esto lo podréis comprobar si dentro de un mes lo queréis revender.
Por ello no os pagarán ni la décima parte de lo que habéis invertido. Pero
eso es justo; es la fantasía de la gente quien pone precio a esas cosas
tan frívolas; es esa fantasía quien da trabajo a los cien obreros que
tengo empleados; es ella la que me ha permitido construir una hermosa
casa, tener un carruaje cómodo y caballos; es ella la que hace funcionar
la industria y mantiene el gusto, la circulación y la abundancia. A los
países vecinos les vendo las mismas bagatelas mucho más caras que a vos, y
de esa manera soy de utilidad para el imperio.
Después de reflexionarlo bien, Babuc se dispuso a borrar de sus
tablillas el nombre del comerciante.
Babuc, que se había quedado muy dubitativo sobre lo que debía pensar
de Persépolis, se decidió a ver magos y literatos, pues los unos estudian
la religión y los otros la sabiduría. Se hizo la ilusión de que por la
conducta de éstos podría obtener la gracia para el resto de la población.
Al día siguiente por la mañana se dirigió a un colegio de magos. El
archimandrita le confesó que disfrutaba de cien mil escudos de renta por
haber hecho voto de pobreza, y que ejercía un imperio muy extendido en
virtud de su voto de humildad; después se retiró y dejó a Babuc al cuidado
de un pequeño fraile que le hizo los honores.
Mientras el fraile le mostraba las magnificencias de aquella casa de
penitencia, se extendió el rumor de que había llegado para reformar todas
aquellas instituciones. En el acto recibió las memorias de todas ellas.
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