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Una ciudad flotante (Julio Verne) - pág.25

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-El Great-Eastern es tan fuerte que puede desafiar los mares más furiosos. Es sólido
como si fuera macizo.
-Aunque es sólido, dejadle caer en el hueco de dos olas y veréis si se levanta. Es un
gigante cuya fuerza no corresponde a su talla. Sus maquinas son débiles. ¿Habéis oído
hablar de su 19 viaje, de Liverpool a Nueva York?
-No.
-Pues yo estaba a bordo. Habíamos salido de Liverpool el 10 de diciembre, en martes.
Los pasajeros eran muchos y estaban llenos de confianza. Mientras la mar no nos cogió al
largo, gracias a las costas de Irlanda, todo fue a pedir de boca. Al día siguiente, la misma
indiferencia al mar. Pero el 12 por la mañana, refrescó el viento. Las olas empezaron a
cogernos al sesgo y el Great-Eastern a bailar. Los pasajeros de ambos sexos se
encerraron en sus camarotes. A las cuatro, el viento era de tempestad. Empezaron a
danzar los muebles. Una cabezada de vuestro servidor rompió un espejo del gran salón.
La vajilla se hizo trizas. ¡Qué estrépito! Un golpe de mar arranca de sus pescantes ocho
embarcaciones. La situación se agrava. Se paró la máquina de las ruedas, pues un enorme
pedazo de plomo, que el balance había arrancado, iba a introducirse entre sus órganos. La
hélice seguía llevándonos. Volvieron a funcionar las ruedas, a mitad de velocidad, pero
una de ellas, habiéndose falseado durante el descanso, arañaba con sus paletas el casco
del buque, por cuya razón hubimos de contentarnos con la hélice para permanecer a la
capa. ¡Qué noche! Caído en el hueco de las olas, el buque no podía levantarse. Algunas
velas que se largaron para maniobrar y tratar de levantarlo, echaron a volar como
cometas.
»Todos los herrajes de las ruedas habían desaparecido al amanecer. Se hunde el piso de
la cuadra y cae una vaca en el salón de señores. Se rompe la mecha del timón y ya no es
posible gobernar. Se oyen choques espantosos. Los produce un imnenso depósito de
aceite, de 3.000 kilos de peso, que ha roto sus asas y barre la cubierta, chocando con las
bordas que tal vez va a derribar. El sábado pasó en medio de la mayor consternación,
pues continuamos en el hueco de las olas.


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