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Cocos Y Hadas: Cuentos para niñas y niños (Julia de Asensi) - pág.4

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hablar, que sirve para guardar baúles y [8] muebles viejos; en un rincón
de ese cuarto hay muñecas, sillas, mesas y camas para una casa de
aquellas, juegos de café, batería de cocina, almendras, caramelos, y otras
cosas buenas o bonitas. Si mañana te atreves a ir allí sola, de día, todo
será para ti, si no se lo daré a otra niña.

-¿Son los juguetes como los de Sofía? se [9] atrevió a preguntar
Teresa, porque aquel coco no le parecía tan malo como el negro.
-Sí, como los de Sofía.
-¿Y serán para mí?
-No lo dudes.
-Pues bien, coco azul, si te marchas enseguida, mañana iré por ellos.
A Teresa le pareció que el coco se burlaba de ella, porque apenas
podía contener la risa. Cogió la muñeca y se alejó precipitadamente.
La niña ya no se atrevió a gritar, temiendo que apareciese un coco de
otro color. ¡Si el azul no le engañara! ¡Si todos aquellos juguetes y
golosinas fuesen para ella! ¿Por qué se había llevado la muñeca otra vez?
Su conciencia le decía que en realidad no la había ganado, porque tenía
muchísimo miedo.
Cuando la nodriza volvió, encontró a Teresa con los ojos abiertos,
pero callada.
-¡Qué buena es mi niña! dijo besándola; así te quiero yo ver, sin
miedo aunque no esté contigo. He tenido que ir a la botica a buscar una
medicina para tu mamá, que ya está muy aliviada y pronto podrá levantarse.
Ya no me separaré más de ti. [10]
-¿Estamos solas, Mariana?
-Sí, solas, como siempre a estas horas, respondió la nodriza.
-Pues acércate a mí, que te voy a contar lo que me ha pasado.
Y hablando muy bajito, le refirió la visita de los dos cocos.
-Habrá soñado todo eso, pensó la criada.
A la mañana siguiente, al observar que había dejado un mantón negro
sobre una silla y que las cortinas del balcón y de las puertas eran
azules, supuso Mariana que, asustada Teresa, los había tomado por


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