Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.2
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En la habitación de la izquierda, sobre una larga mesa, veíanse jarras de leche y bandejas llenas de panecillos, galletas y bizcochos. El aire estaba impregnado de olor a manzanas cocidas y a tostadas de pan con manteca..., ¡olor desesperante para un estómago hambriento!...
En lo alto de la escalera había jugadores de bolos; en la primera meseta y en la segunda había quienes se dedicaban a otros juegos; en un escalón leía un niño, en otro, una chiquitina le cantaba a su muñeca; dos perros y un gatito se mezclaban a los grupos infantiles; y, en fin, a lo largo del pasamanos, se deslizaban algunos diablejos.
Sugestionado por aquella animación, Nathaniel salió del rincón en que tomara asiento, y cuando un chico, al resbalar por el pasamanos, cayó con fuerza bastante para romper una cabeza que no estuviese acostumbrada a once años de caídas y de coscorrones, instintivamente corrió a socorrer al desdichado jinete, creyendo encontrarle medio muerto. El caído, sin embargo, se limitó a hacer algunas muecas de disgusto; luego, mirando al intruso, exclamó:
-¡Hola!...
-¡Hola! -replicó Nathaniel.
-¿Eres nuevo? -preguntó el caído, sin levantarse.
-Aún no lo sé.
-¿Cómo te llamas?
-Nathaniel Blake.
-Yo me llamo Tommy Bang; ¿quieres que demos una vuelta? - insinuó. -Preferiría esperar un poco, hasta saber si me quedo o no -murmuró Nathaniel. -Oye, Medio-Brooke, ven a ver a uno -gritó Tommy, volviendo a cabalgar en el pasamanos.
Al oírse llamar, el pequeñuelo que leía sentado en un escalón, alzó sus negros ojazos, cerró el libro, lo guardó bajo el brazo, y descendió a saludar "al nuevo", encontrando muy simpático a aquel pobrete delgaducho y de dulce mirada.
-¿Te manda el tío?
-Me envía el señor Laurence.
-Bueno; ése es el tío; siempre manda niños buenos.
Nat, lisonjeado por la observación, sonrió. Los dos chicos se quedaron callados un momento, contemplándose con agrado.
Aproximóse una pequeña llevando a la muñeca en brazos. Parecíase mucho a Medio-Brooke, aun cuando era menos alta; tenía el rostro sonrosado y ojos azules.
-Esta es mi hermana Daisy -presentó Medio-Brooke. Se saludaron con una inclinación de cabeza los chicos, y la dueña de la muñeca murmuró: -Creo que te quedarás con nosotros; aquí pasamos muy buenos
ratos, ¿verdad, Medio-Brooke? -¡Vaya si los pasamos! ¡Para eso vive en Plumfield la tía Jo! -Me han dicho que esto es muy bonito -observó Nat.
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