El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.5
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.. Y entonces el hombre se nos quedará mirando con aire estúpido y...
-Y, mientras sigues diciendo estupideces, el dinero sigue aquí y se acerca la hora de los ladrones.
-Es verdad. Bueno... -¿qué se puede hacer? -¿Hacer una investigación privada? No, no, estropearía el aspecto novelesco de la historia. El comunicado público es mucho mejor. -¡Imagínate el ruido que hará! Y tendrán celos las otras ciudades: pues ningún forastero le confiaría semejante encargo a una ciudad que no fuese Hadleyburg, y ellos lo saben. -¡Qué propaganda para Hadleyburg! -¡Es mejor que vaya inmediatamente al periódico o llegaré tarde!
-Para, para... -¡No me dejes sola aquí con esto, Edward!
Pera el señor Richards se había marchado. Aunque por poca tiempo. Cerca de su casa se encontró con el editor propietario del periódico, le dio el documento y le dijo:
-Aquí tiene algo bueno, Cox... Publíquelo.
-Quizá sea demasiado tarde, señor Richards, pero lo intentare.
De regreso a su casa, el cajero y su esposa se sentaron paro volver a discutir sobre el seductor misterio: no tenían ganas de dormir. El primer interrogante era: «-¿Quién sería el ciudadano que le había dado los veinte dólares al forastero?», La respuesta parecía sencilla; ambos contestaron al unísono:
-Barclay Goodson.
-Sí elijo Richards. Puede haber sido Barclay, tenía ese talante. No hay otro hombre parecido en la ciudad.
-Todos admitirán eso, Edward. Lo admitirán, en privado al menos. Desde hoce seis meses la ciudad ha vuelto a ser la de siempre: honrada, mezquina, austera y tacaña.
Así la llamó siempre Barclay hasta el día de su muerte; y lo dijo en público también.
-Sí; y lo aborrecieron por eso.
-Oh... Desde luego. Pero no le importó. Creo que fue el hombre más odiado de la ciudad, si exceptuamos al reverendo Burgess.
Bueno, Burgess se lo merece. Aquí no tiene nada que hacer. Esta ciudad, por pequeña que sea, piensa. Edward -¿no te parece extraño que el desconocido haya designado a Burgess para entregar el dinero?
-Sí. Extraño Es decir , es decir, -¿Es decir qué? -¿Lo habrías elegido tú?
-Mary, quizá el forastero conozca a Burgess mejor que nosotros.
-¡Este asunto le hace un buen servicios! El marido se quedó perplejo buscando una réplica; la esposa lo miró fijamente, esperando. Por fin, Richards dijo, con la vacilación de quien hace una declaración que va a suscitar dudas:
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