Entre el Perú y Chile: la cuestión de Tacna y Arica (Enrique Castro y Oyanguren) - pág.34
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abolengo romántico e idealista, unidos al Perú por vínculos tan nobles
como la tradición histórica y el común esfuerzo por la independencia, y
momentáneamente apartados por querellas de vecindad. He allí el secreto de
esas adhesiones y simpatías de que se jacta Chile, que desaparecerán o se
amenguarán cuando se realice lo que siempre ha perseguido con tanto empeño
la diplomacia peruana: que el arbitraje de un poder imparcial pronuncie su
fallo en aquellos litigios. [46]
Esta declaración no es vana ni artificiosa, ya que está acreditada
por los hechos. Todas sus cuestiones de fronteras las ha arreglado el
Perú, o directamente, como con el Brasil, o por medio del arbitraje, como
en el caso de Bolivia. Y la que aún no se ha terminado, como la del
Ecuador, todos sabemos que estuvo a punto de concluir con el fallo
arbitral del Rey de España, a cuya alta sanción se llevó aquel pleito,
fallo que si no llegó a expedirse, no fue -bien lo saben los ecuatorianos-
por culpa del Perú. [47]
A conversar de nuevo
En 1901 sobrevino en el Perú la renovación constitucional del
gobierno. Había asumido el mando un joven estadista, don José Pardo y
Barreda, que llamó como sus colaboradores a un núcleo de hombres nuevos de
brillantes aptitudes: Leguía, Prado, Balta, Muñiz... En su programa de
gobierno habla había inscrito el arreglo de nuestras cuestiones
exteriores. Imperaba en el país una general aspiración para [48] remover
los obstáculos de orden internacional que detenían nuestro progreso
interior. Deseábase por todos poner término decoroso a una situación de
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