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Guía del Juego para los Amantes del Casino - El Blackjack - Pág. 2

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e.Opciones y señas
En la gran mayoría de jugadores, claro está, las dos primeras cartas que reciba le darán al jugador un total comprendido entre 2 (as + as) y 20 puntos (10 + 10). Como se comprenderá, existe una manera más óptima de jugar cada posible combinación de cartas que le pueden salir al jugador, dependiendo de cual sea la carta destapada del que tiene la mano.

El jugador tiene cuatro opciones. Puede decidir entre «plantarse», pedir nuevas cartas, «dividir» su juego (cuando sus dos cartas tienen el mismo valor) y doblar (su apuesta). Si tras pedir más cartas sobrepasa el total de 21, pierde. Una mano de puntuación entre 12 y 16 en la que se puede perder al pedir una carta más, se conoce como «fiambre».

Existen señas convenidas para que el jugador indique al banquero la opción que ha escogido. La de «plantarse» se indica, por lo general, mediante el movimiento de la mano de un lado a otro, con la palma formando ángulo respecto al jugador que tiene la mano, o bien se colocan las cartas debajo de la apuesta. La solicitud de una carta la indica el jugador amontonando las cartas frente a él sobre la mesa, o de palabra si así lo desea; en el juego europeo, lo hace moviendo los dedos en su dirección por encima de las cartas (sin tocarlas). Aunque todas las opciones se pueden anunciar de palabra, las señas constituyen un lenguaje internacional.
Señalando la decisión: «plantarse» y pedir carta

La «división» de las cartas, que implica jugar cada carta por separado, se indica por el jugador disponiendo una carta al lado de otra y encima de la segunda carta la apuesta inicial. La opción consistente en doblar la apuesta se indica colocando al de la apuesta inicial, otra por el mismo valor. Una vez se ha doblado la apuesta, sólo se permite pedir una carta más. Las posibilidades de dividir las cartas y doblar la apuesta, se presentan normalmente cuando el banquero se dirige al jugador preguntándole (sobre todo si el juego es descubierto y, especialmente, si el jugador es nuevo en el juego) si desea inclinarse por alguna de ellas.
Señalando la decisión: dividir el juego y doblar la apuesta

Cuando se divide el juego, se debe empezar a jugar la mano por la derecha. Las mismas señales pueden aplicarse para indicar que se ha completado la jugada. Sin embargo, si se dividen los ases, dado que sólo se permite pedir una carta para cada una, no es necesario indicarle al banquero que las dé. Los blackjack no cuentan como tales después de haber hecho una división de ases (por eso la jugada es como la de un total de 21, sólo si hay dinero en cada mano), y pierden si el banquero obtiene un blackjack.

Algunos casinos permiten doblar la apuesta después de dividir el juego. Si, por ejemplo, tras haber dividido un par de ochos (usualmente se hace así), usted recibe un 2 en el primer reparto y un 3 en el segundo, puede doblar la apuesta en ambas manos. Pero más divisiones de juego (si, por ejemplo, le saliera otro ocho), no suelen permitirse.

Si usted tiene alguna duda sobre una jugada en particular, el banquero le aconsejará. Siempre que éste malinterprete la señal de un jugador y le entregue una carta que el mismo pretende no haber pedido, el supervisor será llamado para que enjuicie el caso.

f.Cómo juega el banquero
Cuando cada jugador de la mesa ha terminado de elaborar su juego, el banquero, que ha destapado una de sus dos cartas ya desde el principio, descubre su segunda carta o, en el caso del sistema europeo, juega su segunda carta ya destapada. De acuerdo con una fórmula muy precisa, toma un naipe más si su total es inferior a 17 y se planta si es 17 o superior. En muchos casinos el banquero lo mismo puede jugar un 17 «suave», como por ejemplo as + 6 ó as + 2 + 4, que un « 17 fuerte». Pero en algunos otros, sólo tiene permitido jugar un «17 suave» lo cual incrementa la ventaja de la casa en un 0,2 %. En cualquiera de los casos, no tiene opción. Sólo el jugador tiene oportunidad de variar el juego, y es precisamente aquí donde radica el gran reto del blackjack.

Si el banquero pierde por sacar una carta que le sitúa por encima de los 21 puntos, cada uno de los jugadores que tengan juego será pagado independientemente de cual sea su resultado. Pero la casa contará para ello con el dinero ganado a los jugadores que han perdido antes: esta es su principal ventaja. Por así decirlo, cuando ambos bandos pierden no se apartan las apuestas, sino que gana la banca. En la versión jugada en Nevada, normalmente los jugadores adelantan sus cartas sobre la mesa para indicar que pierden la jugada; el banquero recogerá todas las cartas al final del juego. Por otra parte se considera de buena educación que el jugador lo anuncie de inmediato cuando se pasa de los 21 puntos para facilitar que el juego siga su curso plácidamente.

Si el banquero (recuerde que va tomando cartas mientras su suma total sea inferior a 17) obtiene un total comprendido entre 17 y 21, debe pagar las apuestas de todos aquellos jugadores cuya suma de puntos exceda a la suya, y embolsarse las de aquellos otros con puntuación inferior a la suya.

Indudablemente, el sistema adoptado en Nevada ofrece mejores oportunidades de éxito a los jugadores. En el sistema europeo, los jugadores nunca se arriesgarán a dividir su juego o a doblar su apuesta cuando el banquero muestra un as o un 10, porque en ningún momento estarán seguros de que éste no pueda conseguir un blackjack. En el sistema de juego de Nevada los jugadores pueden doblar sus apuestas o dividir su juego sin riesgo alguno. La única ventaja del sistema europeo es que permite disponer de más tiempo para observar los naipes que están en juego.

g.La elección del asiento
La posición en la mesa que se elija no ejerce ninguna influencia sobre el juego, pero algunas personas prefieren sentarse en la última, a un lado de la banca, porque allí se disfruta de más tiempo para pensar la jugada. Quienes prefieren sentarse en este lugar suelen creer que así pueden conocer en todo momento las cartas que recibiría «si estuviera» en otro lugar. Un hecho que sin duda reviste mayor importancia, es que el jugador del último asiento puede ver todas las cartas de todos los demás jugadores antes que el turno de jugar le vuelva a corresponder a él (algo muy interesante para los contadores de cartas).

h.El seguro
Sobre la mesa de blackjack, en una banda que corre paralela a los recuadros de apuestas, aparece inscrita una honorable fórmula: «El seguro paga 2 a 1». Implica que cuando el banquero muestra un as y ante la posibilidad de que obtenga un blackjack, los jugadores pueden asegurar parte de sus probables ganancias mediante la emisión de una nueva apuesta igual a la mitad de la inicialmente establecida para la mano en juego; les será pagada 2 a 1 en caso de que el banquero consiga blackjack. Representa una forma de compensar al jugador ante la posible pérdida de la apuesta inicial que, excepto en el caso de que estuviera apoyada por un blackjack, se daría de forma automática. En ciertos casinos europeos sólo pueden recurrir a esta apuesta aquellos jugadores que tengan un blackjack. Caso de que posteriormente el banquero no consiga un blackjack, los jugadores pierden el premio del seguro, y se les tiene en cuenta la mano original en las condiciones usuales.

De hecho, el término «seguro» no es adecuado; lo que realmente se ofrece es una apuesta más, que se asocia a la original durante la evolución de la jugada. Dado que las probabilidades para esta apuesta favorecen a la casa con un margen de casi el 6 % en un juego (para una sola baraja), es desaconsejable acogerse a ella. Al igual que muchas otras «proposiciones» de juego, se trata de una apuesta «chupadora». Existe sin embargo una excepción de la regla; cuando el jugador está convencido de que todavía queda en la baraja una alta proporción de naipes con el valor 10, con lo que el banquero tiene mayor probabilidad de conseguir un blackjack, es aconsejable que haga uso del seguro.

i.Sistemas de apuestas
Los sistemas de apuestas usados en la ruleta no son equiparables a los del blackjack. La clave para ganar las jugadas, como explicaremos cuando tratemos la cuestión del recuento de las cartas, radica en aumentar el valor de las apuestas cuando el juego está a nuestro favor. A muchos jugadores, porque no se molestan en contar las cartas o no tienen la suficiente agilidad mental para hacerlo, son indiferentes a la puesta en práctica de un método de administración del dinero. No obstante, antes que limitarse a fijar un valor constante para todas las apuestas, le sugiero que se acoja al siguiente plan de apuestas.

Fíjese como límite 40 unidades. Apueste primero 10 unidades de una en una. Si gana 5 unidades, aumente el valor a 2 unidades en una serie de 5 apuestas (un capital de 10 unidades). En caso de que consiga ganar otras 4 apuestas, con lo que el beneficio sumaría un total de 13 unidades, aumente nuevamente el valor, ahora a 4 unidades. Si en estas condiciones logra usted ganar en tres ocasiones más, lo que le supondría un beneficio total de 25 unidades, ¡perfecto, lo está haciendo muy bien! Acto seguido, recoja su dinero y váyase a tomar unas copas a costa de las ganancias. Si presiente que la suerte continuará estando de su lado, puede volver a la mesa y empezar a jugarse sus beneficios en apuestas de un valor superior al último que esgrimió, o simplemente ponga en práctica nuevamente desde el principio el mismo sistema; en ambos estará usted jugando con «el dinero de la casa».

Si por el contrario, pierde las 10 primeras unidades, tome 10 más de su capital inicial y doble el valor de la apuesta. Suponiendo que usted consiga obtener una ganancia de 5 unidades, habrá recobrado las 10 unidades iniciales y puede volver a empezar nuevamente. Si, en cambio, como es probable, usted pierde las siguientes 10 unidades, con lo que la pérdida global en ese punto de la sesión sería de 20, eche mano del resto de sus fondos (que suman 20 unidades) y haga apuestas por valor de 4 unidades. Bajo estas condiciones, ganar cinco manos consecutivamente le reintegraría a la situación inicial (4 + 4 + 4 + 4 + 4 = 20).

El propósito subyacente a este plan de apuestas es el de asegurar al jugador ciertas probabilidades de recuperar el dinero, si ha empezado con una mala racha. Atenerse en todo momento a un sistema de apuestas escalonadas es una labor ardua, pero da sus resultados; se puede esperar ganar dos o tres veces consecutivas, y si usted aumenta gradualmente el valor de sus apuestas, también se incrementarán las posibilidades de reponer las pérdidas.

Se trata de una regla personal que no está basada en análisis científicos; tal vez por ello, la asociaría a otra de cuya valiosa utilidad estoy convencido: si pierde las tres primeras veces de manera consecutiva, ¡cámbiese inmediatamente a otra mesa! ¿Por qué continuar apostando en la misma si es evidente que no le trae suerte?


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