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Historia del Ajedrez - En la Edad Media - Pág. 11

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Y Finalmente el ajedrez llega a Occidente. Una cronología creíble relativa a la introducción nos ubicaría, para Occidente, entre mediados del siglo X y mediados del XI. Para el Oriente bizantino, desde mediados del siglo IX a mediados del siglo X. Tales serían las fechas estimables como más ciertas.

No sabemos con precisión cuándo, pero seguramente antes del siglo XI ya se encontraba difundido en buena parte de Europa. Durante mucho tiempo se insistió en torno de la posibilidad de que los francos del Imperio carolingio ya lo conocieran o lo practicaran, aunque nada hay de seguro en ello, con la excepción del juego que supuestamente el califa Harum Al Raschid habría enviado como presente al soberano junto con otros regalos, como parte de un plan de buenas relaciones entre ambos jefes.

Las piezas de ese juego se hallaban originalmente en la abadía de San Denis. En la historia de dicha abadía, compuesta por Jacques Doublet y publicada en 1625, se hace referencia a su extravío por muchos años. Las piezas están grabadas, en su base, con caracteres árabes. Twiss, quien vio el juego en 1787, dice que para esa fecha había en la abadía quince piezas mayores y un peón, todos de marfil. La tesis más confiable supone que se trata de la obra de un griego oriundo de Constantinopla.

El juego incluye entre sus piezas una figura femenina, por lo que de ningún modo pudo haber sido elaborado por un musulmán, no sólo porque éstos nunca tuvieron esa pieza sino porque los árabes tienen prohibida la representación de figuras, ya humanas, ya animales. El envío se produjo poco después de la coronación de Carlomagno -en la Navidad del 800- y pudo tratarse de un regalo para su boda con Irene, la emperatriz de Bizancio (actual Estambul, en Turquía), que nunca se realizó. Forbes opina que la dama, como pieza de ajedrez, llega a Occidente con el juego que Carlomagno recibiera como obsequio.

Philidor ya sabía, en 1749, que el ajedrez guardado en la abadía de San Denis había pertenecido al más grande emperador de los francos. Este sería el tablero más antiguo ingresado en Occidente, pero existen otros, corroborados por referencias comprobables, como el testamento del conde de Urgel, quien legó al convento de dicha ciudad catalana, en el año 1010, su tablero con todas las piezas, según lo certifica un documento que se conserva en la actualidad en el Archivo Histórico de la Corona de Aragón.

En 1056 tenemos otro documento interesante; se trata del testamento de la condesa Ermersindis, mujer del conde Berenguer III, quien en su lecho de muerte cedió a la iglesia de San Egidio de Nimes "suos schacos cristalinos ad tabulam", esto es, el tablero con las piezas. La práctica de ceder juegos de ajedrez como bienes testamentarios se hizo muy común a lo largo de la Edad Media. El profesor Murray llegó a contar más de un centenar de testamentos, en distintas partes de Europa, de personajes importantes que ceden sus piezas y tableros para salvación de sus almas y diversión de los santos en los cielos.

Tal vez uno de los documentos más importantes sea el del rey Martín El Humano, de 1410, en el que se encuentran tres carillas dedicadas a tableros y piezas de ajedrez de distintos materiales. Casi se puede decir que este rey fue un coleccionista en lo que a juegos de ajedrez respecta.

Ya pasada la primera mitad del siglo XI, el documento que más nos interesa es la valiosísima carta de Damiani, arzobispo de Ostia, quien en 1061 escribió al Papa Alejandro II dándole cuenta del castigo que había impuesto a un prelado de su diócesis que se entretenía jugando al ajedrez. De esto deducimos que para esa fecha el juego de los escaques había prendido entre la clerecía y se hallaba ampliamente difundido en el mundo medieval.

Sin embargo, la conciencia ajedrecística tardó bastante en germinar en las mentes medievales. Prueba de ello es que la bibliografía, en lo que específicamente hace al juego, es escueta. En su mayoría se trata de composiciones de carácter literario; poemas épicos en francés antiguo, en alemán, en anglosajón u otros idiomas, en los que se da cuenta del carácter extremadamente bélico que los medievales dieron a este juego, mucho más todavía que los árabes. De hecho, el ajedrez era, en España y en otros países del Occidente medieval cristiano, una de las disciplinas que debía cultivar el futuro caballero, junto con los deportes ecuestres, la caza y la buena lectura (como las Sagradas Escrituras).

La literatura medieval sobre ajedrez es, por lo general, de carácter didáctico. Su objetivo es la enseñanza del juego, en algunos de los casos, pero desarrollado en verso épico latino, el metro medieval por excelencia.

Una de las historias tejidas en torno a la introducción del ajedrez en Europa que aparenta tener más visos de realidad es la que involucra a la corte de Bizancio, en tiempos de los emperadores Nicéforo y Alejo Commeno. Del primero poseemos un documento relativo a sus relaciones con el califa Harum Al Raschid, que nunca fueron del todo buenas. Del segundo poseemos una biografía, titulada Alexíada, compuesta por su hija Ana (1080-1118) en homenaje a su padre, en la que nos lo muestra como un hábil jugador de ajedrez.

Estos documentos nos permiten inferir que el mundo bizantino había conocido el ajedrez mucho antes que el Occidente medieval cristiano. Es probable que el zatrikión griego del que habla Souterus sea una derivación del chatrang de los persas. Los gobernantes persas mantuvieron relaciones diplomáticas muy fluidas con Bizancio.

Una interesante comprobación histórica de la penetración del juego en el mundo bizantino es, por varios motivos, la famosa Carta de Harum Al Raschid a Nicéforo, que aparece en los Anales de los Musulmanes, del historiador Abu-l-Feda. En primer lugar, está asociada a un cuadro general de agresiones entre ambas representaciones diplomáticas, y la agresividad es un ingrediente que puede aparecer en el ajedrez, aunque en forma mesurada y poética. En segundo lugar, las asociaciones con los trebejos son precisas, lo que no permitiría albergar ningún tipo de dudas de que el juego aludido es el ajedrez. La carta dice textualmente: "De Nicéforo, emperador de los romanos, a Harum, soberano de los árabes. La emperatriz, cuyo lugar he ocupado yo, os consideraba como una torre y a sí misma como simple peón, por eso se sometió a pagaros un tributo doble del que ella debería haber sacado de vos". La contestación de Harum, escrita en el reverso mismo de la carta de Nicéforo fue: "En el nombre de Dios misericordioso, de Harum, vicario del profeta, al perro romano Nicéforo; he leído tu epístola, hijo de mujer infiel; mi respuesta la verás, no la oirás". E inmediatamente invadió el territorio del Imperio, devastando la ciudad de Heraclea.

Al hacer su irrupción en Occidente, el ajedrez llega en las mismas condiciones en las que se hallaba difundido en el mundo musulmán. La primera gran transformación que se opera en el ámbito de la Europa medieval pasa por el tablero. No debemos olvidar que los árabes lo jugaban sobre un trozo de paño dividido en sesenta y cuatro casilleros. Que el tablero, entendido como tabla, es medieval, es una cuestión fácilmente corroborable, si se tiene en cuenta que en la mayoría de los testamentos y en los inventarios de bienes testamentados la palabra tabula, asociada al juego en general y al ajedrez en particular, se reitera a menudo.

La segunda gran incorporación es el escaqueado; vale decir la alternancia de casillas claras y oscuras, o claras y rojas o rojas y negras, que si no cambia radicalmente el juego torna obsoletas algunas prácticas musulmanas, a la vez que crea alfiles de colores distintos en ambos bandos, los que no existían hasta su introducción.

¿Cuándo el tablero dejó de ser unicolor y pasó a ser escaqueado o ajedrezado? Tenemos una precisa alusión en una composición lírica del año 1100, aproximadamente, procedente del Sacro Imperio Romano Germánico, que se titula Einsiedeln Poem y que afirma que el tablero nuevo simplifica el cálculo de los movimientos, permite descubrir errores o movimientos falsos y ayuda a determinar si un peón tiene posibilidades de coronar o no (recordemos que éste era, precisamente, uno de los temas que más preocupaban a los teóricos árabes).

Con respecto a la regla sobre la colocación del tablero, al inicio de la partida, debemos recordar que actualmente la casilla h1 debe ser blanca, por convención internacional, para la correcta ubicación de los reyes y las damas, a fin de que el ala del rey, vista desde las piezas blancas, quede siempre a la izquierda y el ala de la dama, a la derecha. Pero cuando el tablero se coloreó, era común que h1 fuera negra. Si h1 es negra, los reyes ocupan una casilla de su color y las damas, casilla contraria.

Pensemos en los tableros macizos, de madera, sin la clásica división al medio que tenían los de cartón duro. La división en éstos respeta la regla según la cual la casilla h1 ha de ser blanca. En los tableros de madera disponíamos las piezas sin respetar esa regla y no entendíamos por qué nos quedaban las reinas y los reyes mal colocados, hasta que algún amigo mayor, con más experiencia, nos señalaba que el error estaba en la colocación del tablero. Entonces lo girábamos, con lo cual h1 pasaba a ser blanca, y la pareja real quedaba en su lugar correcto.


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