Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > A vuestro gusto (William Shakespeare)

A vuestro gusto (William Shakespeare) - pág.32

Indice General | Volver

Página 32 de 57


Pero no sois tal hombre. Antes bien parecéis esmerado en el vestir, como quien ama su propia persona mucho más que lo que pareciera amar a otra. ORLANDO.- Hermoso joven, quisiera poder con­vencerte de que amo. ROSALINDA.- ¡Convencerme! Más fácil sería con­vencer a la que amáis; lo cual, os aseguro, ella no confesaría por más que lo creyera; y éste es uno de los puntos en que las mujeres desmienten su con­ciencia. Pero, en toda seriedad ¿sois vos quien cuel­ga en los árboles los versos en que se alaba tanto a Rosalinda? ORLANDO.- Te juro, joven, por la casta mano de Rosalinda, que ese desgraciado soy yo, yo mismo. ROSALINDA.- ¿Pero estáis realmente tan enamo­rado como lo dicen vuestros versos? ORLANDO.- No hay rima ni discurso que lo pue­dan expresar tanto como es. ROSALINDA. - El amor no es más que una locura, y os aseguro que merece tanto una celda obscura y un látigo, como los otros alienados. Y si alguna cau­sa hay para que así no se les castigue y cure, es el ser la locura tan general que hasta los azotadores andan enamorados. No obstante, estoy seguro de curarla con mis consejos. ORLANDO.- ¿Habéis curado así a alguien? ROSALINDA.- Sí, a uno. Convinimos en que se imaginaría que yo era su amante, su Dulcinea, y le puse a hacerme la corte cada día; en cuya ocasión, yo, que era un chiquillo caprichoso, aparecía triste, afeminado, antojadizo, soberbio, fantástico, de mal humor, frívolo, inconstante, ya lleno de sonrisas, ya de lágrimas; dando algo para cada pasión, y verda­deramente todo para la carencia de pasión, como que muchachos y mujeres son a este respecto gana-do de la misma pinta; tan pronto gustaba de él como le aborrecía; ya buscaba su conversación, ya huía de su compañía; ora lloraba por él, ora le ultrajaba; de manera que lo hice pasar de su furiosa locura de enamorado, a una locura mansa, cual fue la de ale­jarse del torrente mundano para refugiarse en el arroyuelo monástico, Así lo curé; y así me compro­meto a curaros, dejando vuestro corazón más lim­pio que el de un borrego sano, sin que quede en él ni la más pequeña mancha de amor. ORLANDO.- No querría ser curado, mancebo. ROSALINDA.- Pues os curaré, si solamente con­sentís en llamarme Rosalinda, y en venir todos los días a mi ejido a hacerme la corte. ORLANDO.- Bien. A fe de mi amor, que lo haré.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-57  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados