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Cinco Semanas en Globo (Julio Verne) - pág.44

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A las seis de la mañana salieron de su
camarote y se trasladaron de nuevo a la isla de Kumbeni.
El globo se balanceaba ligeramente, mecido por el viento del este. Los sacos de tierra
que lo retenían habían sido reemplazados por veinte marineros. El comandante Pennet y
sus oficiales asistían a aquella solemne marcha.
En aquel momento Kennedy se dirigió al doctor, le cogió la mano y le dijo:
-¿Es cosa decidida tu marcha, Samuel?
-Muy decidida, mi querido Dick.
-¿He hecho yo cuanto de mí dependía para impedir este viaje?
-Todo.
-Entonces tengo sobre el particular la conciencia tranquila y te acompaño.
-Ya lo sabía -respondió el doctor, dejando que aflorase a su semblante una furtiva
emoción.
Se acercaba el instante de los últimos adioses. El comandante y los oficiales abrazaron
con efusión a sus intrépidos amigos, sin exceptuar al digno Joe, que estaba muy contento
y satisfecho. Todos quisieron que el doctor Fergusson les diese un apretón de manos.
A las nueve, los tres compañeros de viaje ocuparon su puesto en la barquilla. El doctor
encendió el soplete y avivó la llama de modo que produjese un calor rápido. El globo,
que se mantenía junto al suelo en perfecto equilibrio, empezó a levantarse a los pocos
minutos. Los marineros tuvieron que aflojar un poco las cuerdas que lo retenían. La
barquilla se elevó unos veinte pies.
-¡Amigos míos -exclamó el doctor, puesto en pie entre sus dos compañeros y
quitándose el sombrero-, pongámosle a nuestro buque aéreo un nombre que le dé suerte!
¡Llamémosle Victoria!
Resonó un hurra formidable.
-¡Viva la reina! ¡Viva Inglaterra!
En aquel momento la fuerza ascensional del aeróstato aumentó prodigiosamente.
Fergusson, Kennedy y Joe dirigieron un último adiós a sus amigos.
-¡Suelten las cuerdas! -exclamó el doctor.
Y el Victoria se elevó por los aires rápidamente, mientras las cuatro piezas de artillería
del Resolute atronaban el espacio en su honor.

XII

Travesía del estrecho. - El Mrima. - Conversación de
Dick y proposición de Joe. - Receta para el café. -
El uzaramo. - El desventurado Maizan. -
El monte Duthumi. - Las cartas del doctor. -
Noche sobre un nopal

El aire era puro y el viento moderado. El Victoria subió casi perpendicularmente a una
altura de mil quinientos pies, que fue indicada por una depresión de dos pulgadas menos


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