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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.45

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Página 45 de 200



- Me parece que soy una vieja conservadora. Siempre creí que si la mujer de un
arqueólogo no está realmente interesada en el trabajo de su marido, no debe
acompañarle a ninguna expedición. Eso conduce a desavenencias en muchas ocasiones.
- La señora Mercado... - sugerí.
- ¡Oh, ésa! - la señorita Johnson parecía apartar a un lado tal insinuación -. Estaba
pensando en la señora Leidner. Es una mujer encantadora. Se comprende
perfectamente que el doctor Leidner se volviera loco por ella. Pero no puedo menos que
opinar que aquí está descentrada. Lo desbarata todo.
La señorita Johnson, por lo tanto, coincidía con la señora Kelsey en que la señora
Leidner era la responsable de aquella atmósfera tirante. Pero, entonces, ¿de dónde le
venían a la señora Leidner sus temores?
- Con ello perturba a su marido - siguió la señorita Johnson con gravedad -. Desde
luego, yo soy como... un perro fiel y celoso. No me gusta verlo tan agotado y
preocupado. Debía centrar toda su atención en el trabajo que está haciendo, en lugar
de dedicarla a su mujer y a sus estúpidos temores. Si se pone nerviosa por venir a
sitios tan apartados, hubiera hecho mejor quedándose en América. Me consume la
paciencia esa gente que va a un sitio y luego no hace más que gruñir y quejarse.
Y luego, como temerosa de haber hablado más de la cuenta, prosiguió:
- Siento por ella una gran admiración, desde luego. Es una mujer encantadora y
cuando quiere tiene unas maneras atractivas.
Y allí acabó la confidencia.
Pensé que siempre ocurre lo mismo. Los celos surgen dondequiera que varias
mujeres deban convivir. A la señorita Johnson no le gustaba la esposa de su jefe. Eso
estaba claro y hasta parecía natural. Y a no ser que yo estuviera equivocada por
completo, a la señora Mercado le tenía también manifiesta ojeriza.
Otra persona que no sentía gran simpatía hacia la señora Leidner era Sheila Reilly.
Vino unas cuantas veces a las excavaciones. La primera en automóvil, y dos veces más
a caballo, acompañada por un joven. En el fondo de mi pensamiento estaba persuadida


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