Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.28
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El trabajo es sano y toda actitud o talento infantil es base de lícita explotación.
Así pensando, Nat llegó un día muy excitado, a preguntar:
-¿Puedo tocar el violín ante varias personas que meriendan en el bosquecillo?... Me pagarán y me agradaría ganar algún dinero; para ello sólo dispongo de mis conocimientos musicales.
El señor Bhaer le contestó:
-Ve hijo mío, y que sea enhorabuena. Tu trabajo es fácil y grato, y celebro mucho que se te presente esta ocasión.
Nat fue y lo hizo tan bien que cuando volvió a la casa llevaba dos dólares en el bolsillo, que enseñó satisfecho, mientras contaba lo mucho que había gozado de aquella tarde, lo afectuosa que era la gente joven y los elogios que habían hecho de su música, a más de ofrecerle volver otro día.
-Esto es mejor que ir tocando por las calles, porque entonces yo no tenía nunca dinero, y ahora lo tengo todo y paso un buen rato. Además, ya estoy ocupado como Tommy y como Jack-exclamó Nat, creyéndose ya millonario.
Realmente estuvo ocupadísimo, pues durante el verano las meriendas fueron muy numerosas y todos, para bailar, buscaban al violinista. Este tenía permiso para ir, siempre y cuando las meriendas fuesen de personas respetables, y a condición de que no por ello desatendiera sus lecciones. El señor Bhaer le explicó que no debía ir donde hay personas mal educadas, y que por ningún dinero ha de irse allí donde hay malos ejemplos. Nat lo entendió, y daba gusto ver al inocente chico subir a los coches de campo que iban a buscarlo y oírle volver tocando alegremente el violín, cansado pero satisfecho, con su bien ganado dinero, y con algunos regalos de la fiesta para Daisy o para el pequeño Teddy, de los cuales nunca se olvidaba.
-Voy a ahorrar hasta que reúna para comprar un violín que sea mío y así podré ganarme la vida, ¿verdad? -solía decir el niño, cuando daba a guardar a mamá Bhaer el fruto de su trabajo.
-Muy bien, hijito, pero prefiero verte fuerte y sano a que progreses en música. El señor Laurence te buscará colocación y con el tiempo te oiremos tocar en los grandes conciertos.
Con trabajo acomodado a sus aficiones, con ánimo y con esperanzas, Nat encontró la vida más fácil y placentera, hizo tales adelantos en las lecciones de música, que el maestro le perdonó la lentitud del estudio de otras materias, convencido de que donde hay corazón trabaja mejor la inteligencia.
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