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Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.12

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-Yo soy el rey.
Y apartó sus alabardas y entró.
Y cuando el anciano obispo le vio llegar con sus ropas de cabrero se levantó asombrado de su sitial y fue a su encuentro y le dijo:
-Hijo mío, ¿es este un atavío de rey? ¿Y con qué corona os voy a coronar, y qué cetro voy a poner en vuestra mano? Con toda certeza este debiera ser para vos un día de alegría y no un día de humillación.
-¿Debe llevar la alegría lo que ha moldeado el dolor? -dijo el joven rey.
Y le contó sus tres sueños.
Y cuando el obispo los hubo escuchado frunció las cejas y dijo:
-Hijo mío, soy un hombre viejo y estoy en el invierno de mis días, y sé que se hacen muchas cosas perversas en el ancho mundo. Los ladrones desalmados bajan de las montañas y arrebatan a los niños pequeños, y los venden a los moros. Los leones acechan a las caravanas y saltan sobre los camellos. El jabalí arranca de raíz la semilla del trigo en el valle, y las zorras roen las viñas en el collado. Los piratas asolan la costa marina y queman los barcos de los pescadores, y les quitan las redes. En las marismas viven los leprosos; tienen cabañas hechas con juncos entretejidos, y nadie puede acercarse a ellos. Los mendigos merodean por las ciudades y comen su alimento con los perros. ¿Podéis hacer que no ocurran estas cosas? ¿Vais a tomar al leproso por compañero de lecho y a poner al mendigo a vuestra mesa? ¿Va a hacer el león lo que le ordenéis, y os va a obedecer el jabalí? ¿El que creó la miseria no es más sabio de lo que sois vos? Por tanto, no os alabo por lo que habéis hecho, y os ruego, en cambio, que cabalguéis otra vez a palacio, y alegréis vuestro rostro, y os pongáis las vestiduras propias de un rey; y con la corona de oro os coronaré y el cetro de perlas lo pondré en vuestra mano. Y en cuanto a vuestros sueños, no penséis más en ellos. La carga de este mundo es demasiado grande para que la lleve un solo hombre, y el dolor del mundo, demasiado pesado para que lo sufra un solo corazón.
-¿,Decís eso en esta casa? -dijo el joven rey.
Y pasó delante del obispo y subió las gradas del altar, y permaneció en pie ante la imagen de Cristo.


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