El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.40
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.. Estoy tan can sido, Mary Tan cansado tenemos que acostarnos.
A las nueve de la mañana el forastero fue a buscar el talego y se lo llevó al hotel en un cabriolé. A las diez, Harkness sostuvo con él una conversación confidencial. El forastero solicitó y obtuvo cinco cheques contra un banco de la ciudad, al portador, cuatro de mil quinientos dólares cada uno y uno de treinta y cuatro mil. Puso uno de los primeros en su cartera, y el resto, que representaba treinta y ocho mil quinientos dólares, fue colocado en un sobre y le añadió una carta, que escribió cuando Harkness se hubo marchado. A las once llamó a la casa de los Richards. La señora Richards atisbó por entre las persianas, se adelantó y recibió el sobre; el forastero desapareció sin pronunciar una sola palabra. Ella volvió sonrojada y con las piernas algo trémulas y dijo con voz entrecortada:
-¡Estoy segura de haberle reconocido! Anoche me pareció haberlo visto en alguna parte.
-Es el hombre que trajo aquí el talegos ..
-Estoy segura.
Entonces es también el falso Stephenson y el que ha dejado al descubierto a todos los ciudadanos importantes de la ciudad con su falso secreto. Y bien... Si Vea enviado cheques en lugar de dinero, también nosotros estamos al descubierto, después de haber creído escapar. Yo estaba empezando a sentirme bastante cómodo de nuevo, después de mi noche da descanso, pero el aspecto de ese sobre me causa vértigos. No es bastante voluminoso; ocho mil quinientos dólares, aun en los billetes de banco más grandes, abultan más.
-¿Qué hay de malo en los cheques, Edward? -¡Cheques firmados por Stephenson! Me habría resignado a aceptar los ocho mil quinientos dólares, si venían en billetes de banco, pues habría pensado que así está escrito, Mary. -¡Pero nunca he poseído mucho valor y no tengo suficiente valentía para tratar de cobrar un cheque firmado con ese nombre fatal! Eso sería una trampa. Ese nombre trató de atraparme; nos salvamos no sé cómo. Y, ahora, intenta otro procedimiento. -Si se trata de cheques...
-¡Oh, Edward! -¡Qué lástima! Y Mary tomó los cheques y se echó a llorar.
-¡Tíralos al fuego! -¡Pronto! Debemos escapar ala tentación. Es una treta para que el mundo se burle de nosotros junto con los demás y... -¡Dámelos, si tú no puedes hacerlo!
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