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El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.29

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Permítanme observar que su palabra extra, mucho, se explica perfectamente: cabe atribuirla a un defecto de memoria. Yo era el único hombre del mundo que podía proporcionar aquí los detalles de la frase con medios honorables. He terminado., Nada hay más adecuado en el mundo que un discurso persuasivo para confundir la máquina mental y trastornar las convicciones y seducir las emociones y de un público inexperto en las tretas y engaños de ,la oratoria. Wilson se sentó victorioso. Los presentes, lo ahogaron en oleadas de aprobatorios aplausos; los amigos se pusieron a su alrededor y le estrecharon la mano y le felicitaron. A Wilson lo obligaron a callar a gritos y no se le permitió decir una sola palabra. El presidente descargó golpes y más golpes con su maza y no hizo más que gritar: ¡prosigamos, caballeros! -¡Prosigamos!
Finalmente, hubo un relativo silencio y el sombrerero dijo:
-Pero, -¿qué hay que proseguir, señor, sino a entregar el dinero?
VOCES: -¡Eso es! -¡Eso! -¡Adelante, Wilson!
SOMBRERERO: Pido tres vítores para el señor Wilson, símbolo de la típica virtud de...
Los vítores estallaron antes de que el sombrerero pudiese terminar, y en medio de los vítores y también del clamor de la masa varios entusiastas subieron a Wilson sobre los hombros de un corpulento amigo y se dispusieron a llevarle en triunfo al estrado. Entonces la voz del presidente se elevó por encima del tumulto...
-¡Orden! -¡Cada uno a su sitios Ustedes olvidan que falta aún por leer un documento.
Cuando se hubo restablecido el silencio, el reverendo tomó el documento y se disponía ya a leerlo, pero lo abandonó nuevamente, diciendo:
-Lo olvidaba... Esto no debe leerse antes de leer todas las comunicaciones escritas recibidas por mí.
Burgess sacó un sobre del bolsillo, extrajo su contenido, arrojó sobre él una rápida mirada, pareció sorprendido y se quedó contemplándolo fijamente.
Veinte o treinta voces gritaron:
-¿Qué dice ese papel? -¡Léalo! -¡Léalo!
Y el reverendo Burguess lo leyó... lentamente y con tono vacilante:
-La indicación que le hice al forastero
[Voces: -¡Eh! -¿Qué es eso? fue la siguiente: Usted dista de ser un hombre malo. VOCES: ¡Santo Dios!») Váyase y reformese. [UNA vez: ¡Que me condenen!»)
Firmado par el señor Pinkerton, el banquero.
El barullo de carcajadas que se desató entonces fu e de los que pueden arrancarles lágrimas a los más sosegados.


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