El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.50
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decid que bien ordenadas
lleguen aquí en escuadrones,
con balas en los cañones
y con las cuerdas caladas.
SOLDADO 1: No fue menester llamar
la gente; que habiendo oído
aquesto que ha sucedido
se ha entrado en el lugar.
LOPE: Pues, ¡voto a Dios!, que he de ver
si me dan el preso o no.
CRESPO: Pues, ¡voto a Dios!, que antes yo
haré lo que se ha de hacer!
Éntranse. Tocan cajas y dicen dentro
LOPE: Ésta es la cárcel, soldados,
adonde está del capitán.
Si no os le dan al momento,
poned fuego y la abrasad.
Y si se pone en defensa
el lugar, todo el lugar.
ESCRIBANO: Ya, aunque rompan la cárcel,
no le darán libertad.
LOPE: ¡Mueran aquestos villanos!
CRESPO: ¿Que mueran? Pues, ¿qué? ¿No hay
más?
LOPE: Socorro les ha venido.
¡Romped la cárcel, llegad,
romped la puerta!
Salen el REY, don LOPE y los soldados, Pedro
CRESPO, y los villanos. Todos se descubren
REY: ¿Qué es esto?
Pues, ¿de esta manera estáis
viniendo yo?
LOPE: Ésta es, señor,
la mayor temeridad
de un villano, que vio el mundo.
Y, ¡vive Dios!, que a no entrar
en el lugar tan aprisa,
señor, Vuestra Majestad,
que había de hallar luminarias
puestas por todo el lugar.
REY: ¿Qué ha sucedido?
LOPE: Un alcalde
ha prendido un capitán
y viniendo yo por él
no le quieren entregar.
REY: ¿Quién es el alcalde?
CRESPO: Yo.
REY: ¿Y qué disculpas me dais?
CRESPO: Este proceso, en que bien
probado el delito está,
digno de muerte por ser
una doncella robar,
forzarla en un despoblado
y no quererse casar
con ella, habiendo su padre
rogádole con la paz.
LOPE: Éste es el alcalde, y es
su padre.
CRESPO: No importa en tal
caso; porque, si un extraño
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