Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.40
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fortuna corrió el bajel,
dando entre aquesos peñascos,
cascado el pino, al través.
La vida le debí a Dante,
pues Dante en la playa fue
quien me acogió y albergó,
y pagarle ahora es bien
un beneficio con otro
por ponerme en paz con él,
para que al primer rencor
airoso pueda volver
y darle la muerte.
IRENE: Aguarda;
que ahora me resta saber
qué introducción con Aminta
tienes hoy, para poder
por medio suyo pedir
aquese perdón al rey?
LIDORO: Haberla dado la vida.
IRENE: ¿Tú fuiste...?
LIDORO: Sí; aunque no sé
si se la di o la perdí;
porque en llegándola a ver...
Pero esto ahora no es del caso.
IRENE: Oye, oye, que sí es.
LIDORO: ¿Cómo así?
IRENE: Como hidra nuestra
fortuna debe de ser,
que de una cerviz cortada
nacen dos.
LIDORO: ¿Por qué?
IRENE: Porqué,
cuando haces una hidalguía,
Lidoro, a tu parecer,
haces dos ruindades.
LIDORO: ¿Cómo?
IRENE: Como a ninguna está bien
que a vista mía y de Aminta
vuelva un alevoso a quien...
LIDORO: Prosigue.
IRENE: ...yo quiero mal
y Aminta...
LIDORO: Di.
IRENE: ...quiere bien.
Vase
LIDORO: Antes de nacer, amor,
ya eres infeliz. Mas ¿qué
me admiro, si todo tiene
su estrella antes de nacer?
¡Oh nunca --ay de mí-- llegara,
piadosamente cruel,
a tomar tierra en los brazos
de Dante, a tomar después
cielo en los brazos de Aminta,
pues sólo ha venido a ser
el vivir para morir
y para cegar el ver!
Sale AMINTA
AMINTA: Dame, marinero, albricias.
LIDORO: ¿De qué, señora?
AMINTA: De que
el rey la gracia te ha hecho
para que pueda volver
Dante a palacio.
LIDORO: (Desgracia Aparte
hubieras dicho más bien.)
AMINTA: Yo encarecí de mi parte,
cuanto pude encarecer,
tu pretensión como mía.
LIDORO: Ya yo, señora, lo sé,
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