Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.33
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Vanse don SANCHO y la gente
OCTAVIO: Armas lleva y prevenciones.
JUAN: La esquina a la calle vuelven;
y otro hombre por esta parte
mirando las rejas viene.
Sale CELIO con capa rica
CELIO: (¡Qué mal un enamorado Aparte
descansa, come ni duerme,
si a los umbrales no está
de la dama a quien bien quiere!
Aquí me ha de hallar el día
adorando estas paredes.
¡Ay bellísima Lisarda,
qué de suspiros me debes!
Yo quiero hacer una seña.)
OCTAVIO: ¿Si son éstos los valientes
de la otra noche y nos echan,
por ocasionarnos, éste?
JUAN: ¿De qué suerte lo sabremos?
OCTAVIO: Yo os lo diré; de esta suerte.
Llégase a CELIO
Caballero, a mí me importa
sola que esta calle deje.
Y así os ruego que se vaya,
o haráme que se lo ruegue
a cuchilladas.
CELIO: No hará;
porque el pedir de esa suerte
es lo mismo que pedir
limosna con pistolete.
OCTAVIO: Pues váyase de aquí al punto.
CELIO: Dónde es el punto, conviene
a saber, si he de ir allá;
si no es que decirme quiere
que irme al punto es irme al punto.
OCTAVIO: No del vocablo me juegue,
sino váyase.
CELIO: No quiero.
OCTAVIO: Yo le haré que quiera.
CELIO: ¡Tente,
señor!
OCTAVIO: ¿Es Celio?
CELIO: Yo soy.
Milagro fue el conocerte,
porque si no, ésta es la hora
que eres un atún de requiem.
OCTAVIO: ¿Qué capa es ésta?
CELIO: Una tuya.
OCTAVIO: Pues ¿qué disfraz es aquéste?
CELIO: Disfraz de hombre enamorado;
que no hay cosa en que se eche
de ver más, cuando lo están,
que en andar limpias las gentes.
OCTAVIO: Nise lo habrá así trazado.
CELIO: Nise fue mi remoquete
un tiempo; mas ya no es Nise,
Ni-se dice, Ni-se puede
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