Otelo (William Shakespeare) - pág.54
Indice General
|
Volver
Página 54 de 61
-Paciencia, buen Casio. -Vamos, luz. ¿Conocemos esta cara? ¡Cómo! ¿Mi amigo y querido paisano Rodrigo? No. Sí, claro. ¡Dios santo, Rodrigo!
GRACIANO ¿Cómo? ¿El de Venecia? YAGO
Sí, señor. ¿Le conocíais? GRACIANO ¿Conocerle? Claro.
YAGO ¡Signor Graciano! Os pido disculpas. Que estas violencias me excusen por no haberos conocido.
GRACIANO Me alegro de verte. YAGO ¿Cómo estáis, Casio? ¡Una silla, una silla! GRACIANO ¿Es Rodrigo? YAGO Sí, sí. Es él.
[Traen una silla.]
¡Ah, muy bien, la silla! Sacadl
de aquí con cuidado. Y
buscaré al médico del general.
Tú, mujer, ahórrate la molestia.-Casio, e
que yace aquí muerto era un buen amigo. ¿Habí
enemistad entre vosotros?
CASIO Ninguna. Ni siquiera le conozco.
YAGO [a BIANCA] ¿Estás pálida? Llevadle dentro.
[Sacan a CASIO y RODRIGO.]
Quedaos, Señorías. -¿Estás pálida, mujer? ¿No veis el pavor de su mirada?-Como nos mires así, pronto nos lo contarás.-Miradla bien; os lo ruego, miradla. ¿Lo veis, caballeros? La culpa se delata aunque la lengua enmudezca.
Entra EMILIA.
EMILIA ¿Qué pasa? ¿Qué pasa, Yago?
YAGO Rodrigo y otros tipos que escaparon agredieron a Casio en la oscuridad.
Está malherido y Rodrigo, muerto. EMILIA ¡Ay, pobre señor! ¡Ah, mi buen Casio!
YAGO Esto es lo que trae el desenfreno. Anda, Emilia pregúntale a Casio dónde ha cenado.-[A BIANCA] ¿Te hace temblar?
BIANCA Cenó en mi casa, y no me hace temblar. YAGO ¿Conque sí? Te ordeno que me acompañes. EMILIA ¡Ah, maldita seas, zorra!
BIANCA No soy una zorra y soy tan decente como tú que me injurias.
EMILI
¿Como yo? ¡Uf! ¡Maldita seas
YAG
Señores, veamos cómo curan a Casio.
Vamos, mujer, y prepara otra historia.
Emilia, corre a la ciudadela
cuenta a los señores lo que ha sucedido.
¿Queréis ir primero? [Aparte
Esta es la noche que me hace
o del todo me deshace.
Salen.
V.ii Entra OTELO con una lámpara. DESDÉMONA acostada.
OTELO Tal es la causa, tal es la causa, alma mía Q ue yo no os la nombre, castas estrellas. Tal es la causa. Mas no he de verter esta sangre ni herir esta piel, más blanca que la nieve, más lisa que alabastro de sepulcros. Pero ha de morir o engañará a más hombres. Apaga la llama y después apaga su llama. Podría extinguirte, flamígera emisaria, y después devolverte la luz anterior si fuese a arrepentirme.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
>>>
Páginas
1-50
51-61
|