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Como ganar al Poker y al Black Jack - Edición Especial - Pág. 8

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9. La Estrategia en el Black Jack

En el Black Jack resulta muy difícil, por no decir imposible, tener una estrategia determinada, ya que entre 132 cartas como están en juego al sumar las de seis mazos de naipes, puede ocurrir cualquier cosa, y no podemos prever, ni con los más enrevesados cálculos matemáticos ni recurriendo al cálculo de probabilidades, dictaminar la carta o cartas que van a salir de la mano del croupier en cada momento. Con veinticuatro ases, 72 figuras de un valor de 10 puntos, con 24 dieces, y así todas y cada una de las cartas de la baraja, ¿quién puede imaginar siquiera lo que va a saltar al tapete una u otra vez?

Por ello conviene que el jugador se olvide de esas hipótesis, y se centre tan sólo en el valor de la jugada inicial, propia y del gran contrario, que es la banca, aunque por sí misma tampoco esa posibilidad resulte infalible. No existe estrategia alguna posible, eso sí, si nos enfrentamos a un as o a una figura entre las dos primeras cartas de la banca. Porque el otro naipe puede ser el as o la figura que falta. Con lo que el croupier tendría servidos los 21 puntos del Black Jack ya de antemano, en jugada servida, y sería inútil todo intento de ganarle.

Ello hace que nuestras posibles formas de jugar las cartas sean sumamente limitadas. Teniendo en cuenta el gran número de naipes en juego, y las sencillas e invariables reglas del Blak Jack, es lógico que ello resulte así.

Veamos gráficamente algunos ejemplos de bazas de juego iniciales, y sus posibilidades reales de alcanzar un punto ideal, que no ha de ser necesariamente 21, porque si la banca se pasa o no llega, podemos vencerla con 18, 17 o 19 puntos, pongamos por caso. Insistimos en que es el mismo caso del juego de las Veintiuna o del español Siete y Medio: lo ideal es alcanzar el punto justo, o Black Jack. Pero si nadie lo alcanza en la mesa, gana el más próximo (siempre menor, claro), y pierde el que más se aleje de 21, así como, en todos los casos, perderá el jugador que obtenga 22 o más puntos, puesto que, como en los otros dos juegos citados, «se ha pasado».

Esta forma práctica de mostrar el juego del Black Jack, como ya hemos hecho con el póker antes, y pese a la mayor simplicidad del que estamos examinando ahora, es la más idónea para que el lector se haga una idea exacta de sus normativas y de sus posibilidades, cuando no es aún una persona avezada a este juego.

No vamos a analizar ocho jugadas a la vez, porque resultaría tedioso reunir tantas jugadas en unas páginas. Nos limitaremos a suponer que unos cuantos jugadores han pasado ya, y quedan aquellos que siguen la partida tras ver sus dos naipes iniciales. Porque hay que recordar que quien tiene buenas cartas al empezar, dobla siempre su apuesta, y quien las tiene malas, puede pedir carta y pasarse, o plantarse con una cifra insuficiente.

Pues bien, vamos a suponer que tres de nuestros jugadores han pedido carta y se han pasado, perdiendo toda posibilidad de ganar. Y que quedan luego solamente cuatro jugadores y la banca.

Analizaremos esas cinco jugadas y la estrategia a seguir en cada caso, para procurar vencer a la banca. Cosa que, insistimos, no resulta nunca nada fácil.

Hagamos una salvedad, la única que perjudica a la banca o puede beneficiar al jugador. Según las reglas del Black Jack, si el croupier alcanza los 17 puntos, está obligado a plantarse, sin poder pedir más cartas.

En cambio, si las cartas iniciales de la banca suman solamente 16 puntos en total, sucede todo lo contrario. El croupier, entonces, se ve obligado a pedir carta, quiera o no, y resulta sumamente fácil pasarse en cuanto reciba un naipe a partir del 6. Pero si consigue un 5 o una carta inferior, es sumamente probable que gane a todos.

Ésas son las dos únicas puntuaciones en que el croupier tiene las manos atadas por las reglas del juego, y el adversario puede aprovecharse de ellas.

Pero recordemos que, si hemos doblado la apuesta tras ver nuestras dos primeras cartas, no podemos ver la tercera y única que vamos a recibir, hasta que la banca levante todas las jugadas para ver cuál es la ganadora, lo que nos impide aprovechar hasta el límite una buena oportunidad. Así es el Black Jack, y así hay que aceptarlo.


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