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Charadas en acción - Reglamentos de Juegos de Sociedad

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Este título anuncia desde luego que se trata de expresar con acciones las partes y el todo de la charada. Veamos cómo se ha de verificar.
Se dividen los jugadores en otros tantos hombres como mujeres de cada banda. Una mitad permanece en la pieza para juzgar y adivinar la charada que ha de representarla otra mitad: y ésta pasa a un aposento vecino, donde se convienen en la palabra de la charada y, de los papeles respectivos de cada uno. Sucede frecuentemente que se tarda mucho tiempo en buscar la palabra de la charada; que cada uno quiere que se prefiera la suya, y que en estas disputas se hace esperar demasiado a los del salón; por lo cual convendrá tener una lista de palabras prevenidas de antemano.
Supongamos que se ha elegido la palabra oro-péndola. Para ejecutar su primera parte, uno de los jugadores se presenta en el salón mal vestido (lo que se figura en apariencia con volverse el chaleco, o la levita, o frac, y tomando un gorro o sombrero viejo) : marcha encorvado, mirando alrededor con inquietud, y pone sobre una mesa un saco que aparenta tener dinero. Saca unos pesillos, y se pone a pesar unas cuantas monedas con el mayor cuidado, y siempre con señales de agitación,
En esto tocan a la puerta : el usurero turbado se apresura a volver el dinero al saco, le pone en su sombrero, teme que se le encuentren, le coloca ya debajo de un mueble, ya bajo de otro: pero no dándose todavía por satisfecho, coge el saquillo, se emboza y va a abrir. Sale entonces una joven llorosa dando el brazo a una anciana ciega y enfermiza. La joven con sus suspiros o aplicando frecuentemente el pañuelo a los ojos expresa su dolor (porque todo se ha de hacer sólo por gestos). El usurero con aire brusco la pregunta qué quiere : ella da a entender que su madre está enferma, y no tiene con qué acudir a su enfermedad, y le suplica le preste dinero.
El viejo le indica que necesita prenda : la joven da a entender que nada tiene : le enseña su pañuelo, su ridículo, y un medallón que lleva al cuello: la madre dice que no quiere, y que se opone a que se desprenda de él; pero la hija se despoja precipitadamente de todo, y dando sus efectos al avariento, le da éste como con pesar una moneda de oro : la joven la toma, levanta los ojos al cielo, y abrazando a su madre se retiran ambas. Un momento después las sigue el usurero como para saber quiénes son, y queda representada la primera parte de le charada.
Poco después entran los demás jugadores, y se sientan figurando un taller de relojería, a cuyo efecto se sientan en diferentes lados, y sacando los relojes se ponen como a trabajar en ellos. Unos cuantos cartones con las horas figurarán unos cuadrantes de relojes de pesas, y uno de los jugadores hará de dueño y director de la relojería : un caballero y una señora entran en ajuste de uno de éstos, y después de todos los gestos que expresen las diferencias de un ajuste, quedan conformes y salen, después de haber pagado el precio, llevándose un reloj, con el cual le sigue uno de los oficiales. Prosiguen todos en sus labores, cuando vuelve a entrar el caballero pidiendo al maestro él dinero que le ha entregado por el reloj : éste rehúsa darlo. El comprador le da a entender que ha sido engañado, porque el reloj no anda. El maestro va haciendo cargo a cada uno de los oficiales que trabajan las piezas, acerca de las que componen la máquina del reloj vendido, y da a entender cada uno que no es falta suya.
El comprador vuelve a pedir su dinero: el relojero le dice que va con él y con todos los oficiales; y al salir entra en la escena el primer oficial, dándose palmadas en la frente, y manifestando que al tiempo de llevar el reloj se le había caído la péndola. El amo incomodado le quiere sacudir; él se escapa, y se marchan todos tras del director y el comprador para contener su enojo, y queda representada la, segunda parte de la charada.
Para expresar el todo de ella sale una señora adornada la cabeza con plumas y formando con dos chales de color con que se cubre los brazos, una especie de alas, y batiéndolas como quien vuela, gira alrededor de la sala y se vuelve a meter en el aposento.
Por este estilo se pueden inventar para cada palabra diferentes pantomimas muy divertidas: después entra la vez de los que han sido espectadores, los cuales se retiran a la pieza para ser actores, pagando sus prendas los que no hayan adivinado la charada.







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