Videojuegos, tema familiar
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Niños junto a sus padres en actividades de videojuegos.
De entre las múltiples alternativas de ocio en que reparten su tiempo los niños y niñas de hoy, los videojuegos son una de las que despiertan más recelos entre los padres.
La ignorancia sobre los contenidos de los juegos que eligen los hijos, además de una cierta desidia en el trato con el ordenador, llevan a muchos padres a dimitir de sus tareas educativas en este ámbito.
Este texto propone a las familias la integración a los videojuegos en el conjunto de la educación.
Los videojuegos pueden formar parte del ocio infantil como un elemento enriquecedor siempre que se integren en una oferta amplia y diversa y así deben percibirlo los niños. Usar a los videojuegos como un instrumento para mantenerlos entretenidos durante horas debe entenderse como un defecto de los padres, no de los hijos. Así pues, cuando un niño pasa demasiado tiempo delante de la pantalla, conviene reflexionar si se ofreció ayuda a disfrutar del resto de alternativas de ocio que puede tener a su edad.
Explicar a los niños y niñas que el tiempo libre es limitado y que se debe repartir adecuadamente entre las distintas alternativas de ocio es un buen punto de partida para establecer cuánto tiempo podemos dedicar a jugar con la computadora. Cada familia encontrará la propuesta que se adapta más a sus necesidades: ¿Sólo fines de semana? ¿Después de que se han terminado los deberes?
Hablarlo con los hijos y establecer un compromiso forma parte también de su educación.
En muchos hogares los videojuegos entran por primera vez por la vía del préstamo o la piratería entre compañeros de escuela. De esta forma, los padres quedan al margen de la elección del juego y suelen encontrar a sus hijos jugando con contenidos poco apropiados para su edad.
La elección de lo más adecuado para los hijos con la participación de ellos, es una tarea fundamental, más aún en el caso de los videojuegos. Informarse es esencial. La escuela, la biblioteca o la experiencia de otros padres pueden ser buenas fuentes de información. Además, los editores de videojuegos disponen de sitios web con abundante información sobre los títulos. Y finalmente, en los puntos de venta, leer con atención las indicaciones de las cajas sobre la edad recomendada y la naturaleza de su contenido ayuda a afinar la elección.
Dependerá de la edad de los jugadores y jugadoras. En general, hasta los tres años un niño no es capaz de interaccionar con una computadora de forma independiente. Esto no quiere decir que no pueda disfrutar, desde el regazo del padre o la madre, de ver cómo juegan los demás; más si se le explica el juego como si se tratara de un cuento.
De los tres a los seis años lo más adecuado es que los niños jueguen siempre acompañados por sus padres. Ellos toman ya el control del ratón y exploran las posibilidades del juego. Los padres pueden intervenir facilitando el juego pero sin tratar de dirigirles excesivamente.
Entrando a la adolescencia
A partir de los siete años, los niños juegan solos y su experiencia interactiva frecuentemente supera a la de sus padres. Conviene cederles el control e implicarse en el proceso invitándoles, después de jugar, a explicar sus progresos en el juego, sus expectativas, etc.
A partir de los 10 años, el uso de Internet domina sus intereses. Los chats en el caso de las chicas y los juegos en línea en los chicos pueden llegar a consumir mucho tiempo, entrar en cómo tratarlo excede esta reflexión.
Emoción
Y después de haber jugado, ¿qué?
La mayoría de los títulos para niños de 3 a 6 años incluye actividades manuales para hacer con los materiales del juego. Es recomendable aprovechar estas propuestas y usarlas como excusa para comentar el juego con ellos.
Los juegos a partir de 7 años suelen tener propuestas argumentales con formas de narrar propias del lenguaje de la interactividad que se alejan mucho del lenguaje literario y audiovisual. La fórmula del comentario de texto adaptada al nuevo medio puede ser una propuesta interesante: llevar un diario de lo que conocemos del argumento, las pistas conseguidas, o el papel de los personajes puede ser un buen ejercicio de comprensión lectora de los nuevos medios.
En una sociedad que se queja de la falta de cultura del esfuerzo, contrasta ver la dedicación que los niños están dispuestos a invertir para acabar un juego. En este sentido es interesante aprovechar todas las posibilidades interactivas que ofrece un título antes de darlo por terminado. Si el juego tiene un final y no es un conjunto de actividades agregadas, conviene estimularlos a completar toda la propuesta: si ofrece distintos niveles de dificultad, puede ser interesante completar el juego en más de uno antes de cambiar. Si ofrece maneras distintas de jugar, ¡vale la pena aprovecharlas!
Fuente: www.lostiempos.com
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