Hamlet (William Shakespeare) - pág.4
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O, si escondes en el vientre de la tierra
tesoros en vida mal ganados, lo cual,
según se cree, os hace a los espíritus
vagar en vuestra muerte, háblame. ¡Detente y habla!
Canta el gallo.
¡Detenlo tú, Marcelo!
MARCELO
¿Le doy con mi alabarda?
HORACIO
Si no se para, dale.
BERNARDO
¡Está aquí!
HORACIO
¡Aquí!
Sale el ESPECRRO.
MARCELO
Se ha ido.
Hicimos mal en usar la violencia
con un ser de tanta majestad,
pues es invulnerable como el aire
y pretender agredirle es una burla.
BERNARDO
Iba a hablar cuando cantó el gallo.
HORACIO
Y se sobresaltó como un culpable
citado por el juez. He oído decir
que el gallo, clarín de la mañana,
despierta con su voz altiva y penetrante
al dios del día y que, alertados,
en tierra o aire, mar o fuego,
los espíritus errantes en seguida
se recluyen: de que es verdad
ha dado prueba este aparecido.
MARCELO
Se esfumó al cantar el gallo.
Dicen que en los días anteriores
al del nacimiento de nuestro Salvador
el ave de la aurora canta toda la noche;
entonces, dicen, no vagan los espíritus,
las noches son puras, los astros no dañan,
las hadas no embrujan, las brujas no hechizan:
tan santo y tan bendito es este tiempo.
HORACIO
Eso he oído, y lo creo en parte. Mas mirad:
con manto cobrizo, el alba camina
sobre el rocío de esa cumbre del oriente.
Dejemos la guardia y, si os parece,
vamos a contar al joven Hamlet
lo que hemos visto esta noche, pues, por mi vida,
que el espectro, mudo con nosotros, le hablará.
¿Estáis de acuerdo en que debemos informarle,
como exigen la amistad y nuestro deber?
MARCELO
Sí, vamos, que sé dónde podemos
hallarle fácilmente esta mañana.
Salen.
I.ii Entran Claudio, REY de Dinamarca, la REINA Gertrudis, HAMLET,
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