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Sueño de una noche de verano (William Shakespeare) - pág.2

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Avanzad, Demetrio. Noble señor, este hombre había consentido en casarse con ella... Avanzad, Lisandro. Pero, éste, bondadoso duque, ha seducido el corazón de mi hija. Tú, Lisandro, tú le has dado rimas, y cambiado con ella presentes amorosos: has cantado a su ventana en las noches de luna con engañosa voz versos de fingido afecto; y has fascinado las impresiones de su imaginación con brazaletes de tus cabellos, anillos, adornos, fruslerías, ramilletes, dulces y bagatelas, mensajeros que las más veces prevalecen sobre la inexperta juventud: has extraviado astutamente el corazón de mi hija, y convertido la obediencia que me debe en ruda obstinación. Así, mi benévolo duque, si aquí en presencia de vuestra Alteza no consiente en casarte con Demetrio, reclamo el antiguo privilegio de Atenas: siendo mía, puedo disponer de ella, y la destino a ser esposa de este caballero, o a morir según la ley establecida para este caso.
TESEO.-¿Qué decís, Hermia? Tomad consejo, hermosa doncella. Vuestro padre debe ser a vuestros ojos como un dios. Él es autor de vuestras bellezas, sois como una forma de cera modelada por él, y tiene el poder de conservar o de borrar la figura. Demetrio es un digno caballero.
HERMIA.-También lo es Lisandro.
TESEO.-Lo es en sí mismo: pero faltándole en esta coyuntura el apoyo de vuestro padre, hay que considerar como más digno al otro.
HERMIA.-Desearía solamente que mi padre pudiese mirar con mis ojos.
TESEO.-Más bien vuestro discernimiento debería mirar con los ojos de vuestro padre.
HERMIA.-Que vuestra Alteza me perdone. No sé qué poder me inspira audacia, ni cómo podrá convenir a mi modestia, el abogar por mis pensamientos en presencia de tan augusta persona; pero suplico a vuestra Alteza que se digne decirme cuál es el mayor castigo en este caso, si rehúso casarme con Demetrio. TESEO.-O perder la vida, o renunciar para siempre a la sociedad de los hombres. Consultad, pues, hermosa Hermia, vuestro corazón, daos cuenta de vuestra tierna edad, examinad bien vuestra índole, para saber si en el caso de resistir a la voluntad de vuestro padre, podréis soportar la librea de una vestal, ser para siempre aprisionada en el sombrío claustro, pasar toda la vida en estéril fraternidad entonando cánticos desmayados a la fría y árida luna.


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