Como gustéis (William Shakespeare) - pág.12
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como tantos cobardes bravucone
que blasonan con las meras apariencias. CELIA ¿Y cómo he de llamarte cuando seas hombre?
ROSALINA Por el nombre del paje de Júpiter, conque habrás de llamarme Ganimedes . ¿Y cuál será tu nombre?
CELIA Uno que aluda a mi estado. Celia ya no, sino Aliena.
ROSALINA Prima, ¿y si intentamos llevarnos al bufón de la corte de tu padre? ¿No sería una distracción en nuestro viaje?
CELIA
Me seguiría al fin del mundo
deja que yo me lo gane. Vamos ya, reunamo
nuestros bienes y joyas, pensemo
en la hora propicia y en el modo má
seguro de evadir la persecució
que vendrá tras mi fuga. Y ahora marchemos gozosa
a la libertad, que no al destierro.
Salen.
Entran el antiguo DUQUE, AMIENS, y dos o tres NOBLES vestidos de cazadores.
DUQUE
Compañeros y hermanos de destierro, ¿verda
que la costumbre hace esta vida má
grata que la del falso oropel
Aquí en la floresta, ¿no hay menos peligro qu
en la pérfida corte? Aquí no sufrimo
el castigo de Adán, el cambio de las estaciones: ve
el helado colmillo y el áspero azot
del viento invernal; cuando pega y me corta hast
hacerme tiritar, yo sonrío y digo
«Éstos no adulan. Son consejero
que me hacen sentir lo que soy». Dulc
es el fruto de la adversidad, que
como el sapo feo y venenoso, llev
siempre una gema en la cabeza; así
nuestra vida, aislada del trato social
halla lenguas en los árboles, libros en los arroyos, sermone
en las piedras y el bien en todas las cosas.
AMIENS Yo no la cambiaría. Dichosa Vuestra Alteza, que sabe dar al rigor de la fortuna un sentido tan grato y apacible.
DUQUE Bueno, ¿vamos a matar ciervos? Con todo, me apena ver a estos pobres animales moteados, habitantes naturales de esta soledad, con el cuerpo ensangrentado por las flechas en su propio territorio.
°
NOBLE 1. Alteza, el melancólico Jaime también se lamenta, y jura que, cazando, vos sois más usurpador que el hermano que os ha desterrado. Hoy el señor de Amiens y yo nos habíamos escondido cuando estaba tendido bajo un roble cuya vieja raíz asoma al lado del arroyo que murmura por el bosque, y a su orilla vino a agonizar un pobre ciervo solitario, herido por certero cazador.
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