A vuestro gusto (William Shakespeare) - pág.55
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Supe de una querella que siete jueces no habían podido arreglar; pero cuando los contendientes se encontraron uno frente a otro en el terreno, ocurriósele a uno de ellos aquel "si", como por ejemplo: "Si, dijisteis tal cosa, entonces dijo tal otra"; y se dieron la mano y se juraron amistad eterna. Es increíble lo que puede el "si" hipotético. JAQUES.- Alteza: ¿no es éste un curioso sujeto? Lo mismo sirve para todo; y, sin embargo, es un bufón.
DUQUE.- De esa calidad se sirve como de una emboscada, y escondido desde ella dispara sus agudezas. (Entran Himeneo, conduciendo a Rosalinda en traje de mujer y Celia.)
HIMENEO:
Hay regocijo en el ciel
cuando las cosas del suel
acordes y unidas son
Recibe a tu hija querid
¡oh duque! y une su vid
al que está en su corazón
Para cumplir tal dese
te la ha traído Himene
de la celeste región
ROSALINDA.-(Al duque.) A vos me entrego, pues soy vuestra. (A Orlando.) A vos me entrego, pues soy vuestra. DUQUE.- Sino engaña la vista, sois mi hija. ORLANDO.- Si no engaña la vista, sois mi Rosa-linda. FEBE.- Si la vista y la forma no engañan, ¡adiós mi amor! ROSALINDA.-(A1 duque.) No tendré padre, si no lo sois vos. (A Orlando.) No tendré esposo, si no lo
sois vos. (A Febe.) Ni me casaré con mujer, si no e
con vos
HIMENEO
¡Silencio! No haya algazara
Yo de esta historia tan rar
deduzco una conclusión
Aquí veo cuatro pare
que juntar en mis altares
de mano y de corazón
(A Rosalinda y Orlando.
Seréis felices unidos
(A Oliverio y Celia.
Dos en uno confundido
como ellos, habréis de ser
(A Febe.
Al zagal tu amor escoja
si tener no se te antoj
por marido una mujer
(A Piedra y Audrey.
Vosotros en firme nud
seréis el invierno rud
y el granizar y el llove
Entre nupciales canciones
averiguad las razone
del suceso singula
que aquí nos ha reunido
y veréis cómo ha nacid
y cómo pudo acabar
CANTO
La diadema de Jun
fueron las bodas
que en mesa y lecho junt
las almas todas
Honremos a Himene
que puebla al mund
y es en todas las zona
el dios fecundo
DUQUE.- Bienvenida eres ¡oh amada sobrina! No menos bienvenida que propia hija. FEBE (a Silvio).-No faltaré a mi palabra, ahora que eres mío.
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