A vuestro gusto (William Shakespeare) - pág.39
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Lo mejor de él es su temperamento; y antes que sus palabras acabasen de hacer una herida, sus ojos la habían y cicatrizado. No es de alta estatura aunque sí lo bastante para su edad. La pierna es así, así, pero no está mal. Tienen sus labios un lindo color rosado; un encarnado algo más maduro y lozano que colora sus mejillas: la misma diferencia que entre una encendida rosa de Damasco y otra de color mezclado. Mujeres hay, Silvio, que a haberlo examinado minuciosamente, como lo hice, casi se habrían enamorado de él; pero en cuanto a mí, ni le amo ni le aborrezco. Y, sin embargo más motivo tendría para aborrecerle que para amarle; porque ¿quién le autoriza a dirigirme reproches? Dijo que mis ojos y mis cabellos son negros; y ahora recuerdo que me trató con desprecio. Me admira el no haberle replicado. Pero en fin de cuentas es lo mismo, ya que cuenta olvidada no es cuenta saldada. Le escribiré una carta que le escueza de veras y tú se la llevarás. ¿Apruebas, Silvio? SILVIO.- Con todo mi corazón, Febe.
FEBE.- Pues la escribiré en seguida. Lo que he de decirle está en mi cabeza y en mi corazón. Seré con él lacónica y severa. Ven conmigo, Silvio. (Salen.)
ACTO IV
ESCENA PRIMERA
La misma
(Entran ROSALINDA, CELIA Y JAQUES)
JAQUES- Ruégote, bello joven, que me hagas conocerte mejor. ROSALINDA.- Dicen que sois dado a la melancolía. JAQUES.- Así soy. Me gusta más que la risa. ROSALINDA.- Los que pecan por uno u otro de ambos excesos son gentes abominables y se exponen más a la moderna crítica que si cayeran en la embriaguez.
JAQUES.- Pues paréceme bien que quien está triste guarde silencio. ROSALINDA.- Pues entonces me parece bien ser un poste. JAQUES.- No tengo la melancolía del erudito, que es emulación; ni la del músico, que es fantástica; ni la del cortesano, que es altiva, ni la del soldado, que es ambiciosa; ni la del abogado, que es política; ni la de la dama, que es agraciada; ni la del enamorado, que es todo esto a la vez. La mía es una melancolía peculiar de mí mismo, un compuesto de muchos simples, extraído de muchos objetos; y en verdad, la contemplación de mis viajes, que a menudo absorbe mis meditaciones, es una tristeza en extremo caprichosa.
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