El Sedán Azul (Ann Bridge) - pág.21
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Shwang, sometiéndose respetuosamente a la obediencia que los criados chinos profesan a sus amos, recordó a Mrs. Bowlby que tenía que ir al club de polo a buscar al lao-yé Bowlby. Para asombro suyo, vio estremecerse a su señora de pies a cabeza.
-¡Al Banco! ¡Al Banco! -repetía, con desesperada impaciencia.
De pie ante la puerta reja, el viejo k´ai-men-ti encendió su pipa negra y plateada, viéndola partir. La silla volante, que llevaba como pasajero a una menuda figura gris y encorvada, descendía la polvorienta hu-t´ung, mientras que detrás avanzaba tambaleante el espacioso sedán, sin nadie que ocupara el asiento posterior.
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