El Sedán Azul (Ann Bridge) - pág.7
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No tenía derecho a traicionar una voz que sabía decir: "Cariño" con tanta dulzura. Este sentimiento se desarrolló en ella durante los días que siguieron. La Voz que tenía embrujado al vehículo se hizo casi diaria, aportando un trasfondo secreto a la rutina mundana de sus visitas y recepciones. La Voz hablaba siempre en francés, refiriéndose a Jacques, ser entrañable y amado. A veces Mrs. Bowlby se daba cuenta de que no oía más que parte de la conversación entre dos personas, como ocurre con el teléfono. No le llegaba nunca la voz del hombre, pero también como en el teléfono, le permitía adivinar el resto. La conversación era trivial las más de las veces: Había citas para el almuerzo, o para el polo; para fines de semana en Pao-ma-crang, en tal templo, o en el de más a11á. A Mrs. Bowlby le parecía extraño enterarse de ese modo de los proyectos concernientes a gentes que le eran conocidas. "Bien, entonces, en domingo, en casa de los Milne". Visitando a los Milne pasado algún tiempo, les escrutaba con atención y descaro, como para descubrir en ellos otra presencia que le resultaba más familiar que la suya. La Voz transformaba en fantasmas a todos los seres vivientes. Mas cualquiera que fuesen sus planes, ora trataban de personas o hablasen de caballos, siempre había en la Voz un acento de ternura, solícita inquietud y dicha exclusivos de la mujer enamorada.
Mrs. Bowlby se extrañaba al comprobar que el vehículo no difundía nada más que la voz femenina. Pero, mirándole bien, ¿no era oscuro hecho en sí? ¿Por qué Bowlby no oía nada? Pues lo ignoraba todo por completo. Ella no olvidaría jamás cuando la Voz le habló por primera vez e presencia de su esposo. Se dirigían a una recepción de despedida que daba un embajador que le destinaban a cualquier otra parte.
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