El Sedán Azul (Ann Bridge) - pág.3
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Siempre dijo que detestaba ir de visita, pero como al mismo tiempo era en extremo concienzuda, se hacía la idea, a medida que pasaban los días, de animarse a la vista de las dos figuras de caqui y oro que emitían su soplo aliáceo más allá del tabiquete de cristal. Visitaba a las esposas de los diplomáticos residentes en el barrio, de los funcionarios recaudadores de impuestos, de aduaneros -ingleses, italianos, americanos y franceses- de los de Correos -franceses, americanos, italianos a ingleses-. El consumo anual de tarjetas de visita se eleva en Pekín a muchas toneladas, y Mrs. Bowlby, sola en la mullida tapicería gris de su sedán, participaba fielmente en dicha útil tarea. Tenía confeccionada una lista, y con ayuda de su boy número 1 (el cual pertenecía al Banco, como los muebles u otro objeto cualquiera), había inscrito los títulos y direcciones de las personas que visitaba. El viejo chofer de la "Banque Franco-Belge" hablaba correctamente francés; también Mrs. Bowlby. Esta ciertamente era una de sus cualidades Como quiera que, por lo general, los chinos no pueden, o no quieren, retener nombres europeos, éstos han de emplear la traducción de su nombre al chino: Ta Ch´in h´ai T´ai t´ai, Turkvofu, que Mrs. Bowlby interpretó que debía visitar a la esposa del embajador de Alemania. "¡Sí, Madame!" respondió Shwang. Pé T´ai t´ai, Kung Hsien Hut´ung, para visitar a Mrs. Bray, la esposa del médico. Pero cuando deseó ir a casa de Mrs. Bennet, consorte del jefe de la Guardia, o a la de Mrs. Baines, esposa del pastor, se percató de que ambas respondían a la designación Pé T´ai t´ai, cosa susceptible de inducir a confusión.
Eso comenzó a fines de la primera semana. Tal vez el esfuerzo realizado en la lectura de nombres chinos le había impedido notarlo con anterioridad pero desde el término de la semana que corría, Mrs.
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