El Sedán Azul (Ann Bridge) - pág.2
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Bowlby. El propietario del garage cantó las alabanzas del vehículo sobre todo de su magnífica suspensión. ("La necesitará por estas carreteras, Mrs. Bowlby"). El chofer y su ayudante quedaban al exterior. ("Es preferible, Mr. Thompson, pues cuando esos individuos se ponen a comer ajos... No se les permite, pero lo siguen haciendo. ") Thompson lo sabía y aprobó con calor. Mrs. Bowlby, neófita en este género de transacciones, preguntó por el anterior dueño del vehículo. El patrón respondió con evasivas. No lo vendía a comisión, sino que lo compró a su propietario al ausentarse éste de la ciudad. Personas muy importantes, "del barrio." Esto satisfizo en gran manera a Thompson, enterado de que sólo los europeos (al menos en principio) residentes en Pekín tienen sus domicilios en el barrio de las legaciones.
Se compró pues el sedán azul. Al enterarse Thompson en el club que el chofer del "Grand Oriental Bank" se bebía la gasolina, no lo ajustó, según la costumbre, con el resto de la servidumbre, sino que destinó para Mrs. Bowlby al chofer del director de la "Banque Franco-Belge", por mudar éste de residencia. Y cuando Bowlby regresó de Hong-Kong, el chofer y su ayudante habían recibido ya una librea caqui para el invierno, otra blanca para el verano, gorras y los correspondientes ornamentos dorados. Mrs. Bowlby, muy ufana en su sedán azul, había iniciado ya su serie de visitas. En Pekín, los recién instalados deben presentarse los primeros sistema extraño y verdaderamente desalentador, incluso para los más audaces. Mrs. Bowlby no entraba en esta clasificación. Era una mujer menuda, tímida, frágil, que vestía de preferencia tonos grises por ser toda ella gris: los ojos, el cabello y la piel. Jamás había tratado de imponerse a nadie; y si la adornaban cualidades como la penetración o delicadeza, nunca hacía gala de ellas.
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