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El elixir de larga vida (Honoré de Balzac) - pág.12

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desapareció, dejando la sala vacía. Ciertamente era una imagen de la vida.
Mientras bajaban las escaleras le dijo el príncipe a la Rivabarella:
-Y bien, ¿quién habría creído a don Juan un fanfarrón impío? ¡Ama a su padre!
-¿Os habéis fijado en el perro negro? -preguntó la Brambilla.
-Ya es inmensamente rico -dijo suspirando Blanca Cavatolino.
-¡Y eso qué importa! -exclamó la orgullosa Baronesa, aquella que había roto la
bombonera.
-¿Cómo que qué importa? -exclamó el duque-. ¡Con sus escudos él es tan príncipe
como yo!
Don Juan, en un principio, asediado por mil pensamientos, dudaba ante varias
decisiones. Después de haber examinado el tesoro amasado por su padre, volvió a
la cámara mortuoria con el alma llena de un tremendo egoísmo. Encontró allí a
toda la servidumbre ocupada en adornar el lecho fúnebre en el cual iba a ser
expuesto al día siguiente el difunto señor; en medio de una soberbia capilla
ardiente, curioso espectáculo que toda Ferrara vendría a admirar. Don Juan hizo
un gesto y sus gentes se detuvieron, sobrecogidos, temblorosos.
-Dejadme solo aquí -dijo con voz alterada- y no entréis hasta que yo salga.
Cuando los pasos del anciano sirviente que salió el último sólo sonaron
débilmente en las losas, cerró don Juan precipitadamente la puerta, y seguro de
su soledad exclamo:
-¡Veamos!
El cuerpo de Bartolomé estaba acostado en una larga mesa. Con el fin de evitar a

los ojos de todos el horrible espectáculo de un cadáver al que una decrepitud
extrema y la debilidad asemejaban a un esqueleto, los embalsamadores habían
colocado una sábana sobre el cuerpo, envolviéndole todo menos la cabeza. Aquella

especie de momia yacía en el centro de la habitación, y la sábana, amplia,
dibujaba vagamente las formas, aun así duras, rígidas y heladas. El rostro tenía

ya amplias marcas violeta que mostraban la necesidad de terminar el
embalsamamiento. A pesar del escepticismo que le acompañaba, don Juan tembló al
destapar el mágico frasco de cristal. Cuando se acercó a la cabecera un temblor


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