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La nueva Atlantida (Francis Bacon de Verulamio) - pág.30

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También es posible que quienes han derrochado tan bajamente su vigor estimarán muy poco a sus hijos, a diferencia de los hombres castos. ¿Se enmienda mucho más la situación durante el matrimonio, como debería ser, si estas cosas se toleran sólo por necesidad? No, sino que continúan siendo aún una afrenta para el matrimonio. El hecho de frecuentar estos lugares disolutos no se castiga más en los casados que en los solteros. Y la depravada costumbre de cambiar, y los placeres de las aventuras con meretrices (en las que el pecado se convierte en arte) hacen que el matrimonio sea algo triste, parecido a una especie de contribución o de impuesto. Les oyen a ustedes defender, con el pretexto de evitar mayores males, cosas tales como los adulterios, estupros, deseos contra naturaleza, y así sucesivamente. Ellos dicen que ésta es una sabiduría absurda, y la llaman La oferta de Lot, quien para evitar los abusos de sus invitados, les ofreció sus hijas; no, aseguran que con esto se gana POCO, ya que permanecen y aumentan los mismos vicios y apetitos; el deseo ilícito se parece a un horno, en el cual si se detienen por completo las llamas, se apaga, pero si se dejan, crecen más. La pederastia no existe entre ellos, y naturalmente eso no obsta para que sean los mejores amigos del mundo; hablando en términos generales, como dije anteriormente, creo que no hay ningún pueblo tan casto como éste. Es un dicho usual entre ellos que "quien no es casto no puede respetarse a sí mismo"; dicen también que "después de la religión, el respeto a sí mismo es el freno principal de todos los vicios."
Cuando acabó de pronunciar estas palabras el buen judío hizo una pausa; entonces, aunque tenía más interés en oírlo que en hablar yo mismo, pensando que sería correcto, después de su interrupción, decir algo, le advertí que nos recordaba nuestros pecados, como la viuda de Sarepta se los recordó a Elías; y que reconocía que la rectitud de conducta de Bensalem era mayor que la de Europa.


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