La nueva Atlantida (Francis Bacon de Verulamio) - pág.25
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Aparece el Tirsán con toda su generación o linaje, los varones precediéndole, y las hembras siguiéndole; si vive la madre de la que descienden todos, entonces, a la derecha del sillón, en un piso superior, hay un apartamiento con una puerta privada y una ventana de cristal tallado, emplomada en oro y azul, donde se sienta, oculta a todas las miradas. Cuando el Tirsán entra se sienta en el sillón; todos sus descendientes se colocan junto a la pared, tanto a su espalda como a los lados de la plataforma, y permanecen de pie, por orden de edades, sea cualquiera el sexo que tengan. Una vez que se ha sentado, con la habitación llena de personas pero sin desorden alguno, luego de una pausa penetra por el otro extremo del aposento un Taratán (que es tanto como decir un heraldo) con un muchacho a cada lado, uno de los cuales lleva un rollo de pergamino amarillo brillante y el otro un racimo con el tallo y las uvas de oro. El heraldo y los niños visten mantos de satén verde agua; el del heraldo tiene franjas doradas y lleva cola.
Luego el heraldo, haciendo tres reverencias o inclinadones, se acerca a la plataforma y allí, en primer lugar, toma en sus manos el rollo. Este rollo es la carta de privilegio real que contiene donaciones de renta y muchos privilegios, franquicias y títulos honoríficos concedidos al padre de la familia. Siempre va dedicada y dirigida: "A fulano de tal, nuestro amado amigo y acreedor", título adecuado sólo para este caso, pues dicen que el rey no es deudor nunca de ningún hombre a no ser por la propagación de sus súbditos. El sello impreso en la carta real representa la imagen del rey, en relieve o moldeado en oro; aunque tales cartas se conceden como un derecho, sin embargo se varían a discreción según el número y dignidad de la familia.
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