La nueva Atlantida (Francis Bacon de Verulamio) - pág.15
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Al oir este discurso el Gobernador sonrió con benevolencia y dijo que hacíamos bien en pedir perdón, por nuestra prégunta, debido a lo que ella implicaba, ya que parecía como si pensáramos que ésta tierra era una tierra de encantadores, que enviaba espíritus por todas partes para que regresaran con noticias e información de otros países. Con la mayor humildad posible, pero con expresión de que comprendíamos, contestamos que sabíamos que él hablaba en broma; que pensábamos que existía algo sobrenatural en esta isla, pero algo más bien angélico que mágico. Con objeto de que su señoría supiera realmente qué era lo que nos hacía temerosos y dudosos en hacer esta pregunta, teníamos que decir que no se trataba de tal fantasía, sino porque recordábamos que en las primeras palabras que le oímos aludió a que esta tierra tenía leyes secretas respecto a los extranjeros.
A esto respondió:
"Su recuerdo es acertado, por esto en lo que voy a decirles, he de reservarme algunos detalles, que no es legal que revele, pero con lo que les diga tendrán ustedes bastante para su satisfacción.
"Sabrán ustedes (y quizá les parecerá increíble) que hace unos tres mil años, o algo más, la navegación mundial (especialmente respecto a los viajes laigos) era mucho mayor que en la actualidad. No piensen ustedes que yo ignoro el aumento que ha experimentado dentro de los últimos ciento veinte años; lo sé bien, y sin embargo afirmo que era mayor entonces que ahora; puede ser que el ejemplo del arca, que salvó a los pocos hombres que quedaban del Diluvio Universal, diera confianza a los hombres para aventurarse sobre las aguas; el caso es que ésta es la verdad. Los fenicios, y en especial los tirios, poseyeron grandes flotas; los cartagineses fundaron una colonia más hacia Occidente.
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