La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) - pág.40
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"Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oír misa, y
haz la cama, y ve por la vasija de agua al río, que aqui bajo
está, y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y ponla
aquí al quicio, porque si yo viniere en tanto pueda entrar."
Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y
continente, que quien no le conociera pensara ser muy cercano
pariente al conde de Arcos, o a lo menos camarero que le daba de
vestir.
"¡Bendito seáis vos, Señor -quedé yo diciendo-, que dais la
enfermedad y ponéis el remedio! ¿Quién encontrará a aquel mi
señor que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche
bien cenado y dormido en buena cama, y aun agora es de mañana, no
le cuenten por muy bien almorzado? ¡Grandes secretos son, Señor,
los que vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A quién no engañará
aquella buena disposición y razonable capa y sayo? ¿Y quién
pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin
comer, con aquel mendrugo de pan que su criado Lázaro trajo un
día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar
mucha limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de
paño de manos, se hacía servir de la halda del sayo? Nadie por
cierto lo sospechará. ¡Oh Señor, y cuántos de aquéstos debéis vos
tener por el mundo derramados, que padecen por la negra que
llaman honra lo que por vos no sufrirían!"
Así estaba yo a la puerta, mirando y considerando estas
cosas y otras muchas, hasta que el señor mi amo traspuso la larga
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