La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) - pág.39
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Mas
¡maldito el sueño que yo dormí! Porque las cañas y mis salidos
huesos en toda la noche dejaron de rifar y encenderse. Que con
mis trabajos, males y hambre, pienso que en mi cuerpo no había
libra de carne; y también, como aquel día no había comido casi
nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no tenía amistad.
Maldíjeme mil veces (Dios me lo perdone) y a mi ruin fortuna,
allí lo más de la noche, y, lo peor no osándome revolver por no
despertarle, pedí a Dios muchas veces la muerte.
La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y
sacudir sus calzas y jubón y sayo y capa. Y yo que le servía de
pelillo. Y vístese muy a su placer de espacio. Echéle aguamanos,
peinóse y puso su espada en el talabarte, y al tiempo que la
ponía, díjome:
"¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es ésta! No hay marco de
oro en el mundo por que yo la diese. Mas así ninguna de cuantas
Antonio hizo, no acertó a ponelle los aceros tan prestos como
ésta los tiene."
Y sacóla de la vaina y tentóla con los dedos, diciendo:
"¿Vesla aquí? Yo me obligo con ella cercenar un copo de
lana."
Y yo dije entre mí:
"Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de
cuatro libras."
Tornóla a meter y ciñósela y un sartal de cuentas gruesas
del talabarte Y con un paso sosegado y el cuerpo derecho,
haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando el
cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el brazo, y poniendo
la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo:
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